Paco Rabal renunció a protagonizar ‘French Connection’ porque le daba pereza aprender inglés. Esa anécdota, que dice más de él que cualquier biografía al uso, es una de las muchas que pueblan ‘200 vidas, Paco Rabal’, el documental de Vanesa Benítez que recupera la trayectoria del intérprete murciano coincidiendo con el centenario de su nacimiento y los 25 años de su muerte.

El papel que Rabal dejó escapar acabó en manos de Fernando Rey. Y fue el propio Rabal quien lo recomendó a William Friedkin. El mismo Friedkin que años después, en 1977, sí logró dirigirle en ‘Carga maldita’, aunque con la ayuda de un coach. Los idiomas fueron siempre su talón de Aquiles. Rodó en francés e italiano, pero le doblaban. Godard llegó a ofrecerle un papel y se echó atrás al comprobar que no podía improvisar diálogos en francés.
Lo que hace especial a este documental de 90 minutos es su materia prima. Benítez construye el relato a partir de la propia voz de Rabal, rescatada de horas de material inédito: casetes con sus memorias grabadas, películas en super 8 que él mismo filmaba en rodajes y en su vida privada. En una caja de cartón, escrito a bolígrafo, apareció el tesoro: «memorias grabadas de Paco Rabal». El equipo lo escuchó y lo digitalizó. «Era como la cueva de Alí Babá», recuerda la directora.
Tras la muerte de Rabal y su esposa, la actriz Asunción Balaguer, la familia cedió el archivo al ayuntamiento de Águilas y la Filmoteca de Murcia. Benítez reconoce la labor de Balaguer al recopilar todo: las películas, los cuadernos de poesía, el diario. «Ojalá que todo este material acabe en un museo», dice la cineasta, responsable también de ‘La vida Chipén’ y ‘Rota n’ Roll’.
A la voz de Rabal se suman las de José Sacristán, Gonzalo Suárez, Eulália Ramón, Ana Belén, Fernando Méndez-Leite y Antonio Saura. El proyecto, que llevó un año y medio de trabajo, nació por encargo de una productora con motivo de la efeméride. «Cuando me preguntaron si me interesaba dije que sí de inmediato», cuenta Benítez, que viajó a Murcia para conocer a Benito Rabal, hijo de Paco, y empaparse de la Cuesta de Gos donde se crio el actor.
El documental retrata a un Rabal que llegó a Madrid escondido en un camión. Que con 16 años trabajaba de electricista en los Estudios Cinematográficos Chamartín. Que se convirtió en galán del cine franquista a las órdenes de Rafael Gil siendo comunista. «Era uno de los pocos actores rojos que había en el cine español en ese momento», apunta Méndez-Leite. El propio Rabal lo admite sin rodeos: «Hice películas con las que no estaba de acuerdo y ellos lo sabían. Yo era de izquierdas y aunque las hice de mala gana, no dejé escapar la oportunidad».
Visconti, Rivette, Chabrol, Antonioni, Pontecorvo. La lista de directores internacionales con los que trabajó es la parte más desconocida de su carrera y la que Benítez quería poner en valor. «No era consciente de la carrera internacional tan vasta que tenía. Atravesó casi todo el siglo XX», reconoce la directora.
El hijo de un minero murciano que escribía poesía, soñaba mucho y murió a bordo de un avión a la altura de Burdeos. La misma ciudad donde falleció el Goya al que él dio vida en la película de Carlos Saura. Hay coincidencias que ni el mejor guionista se atrevería a escribir.



