Una patinadora artística a la deriva sobre un témpano de hielo en el Ártico. Esa es la premisa de ‘Infierno Bajo Cero’ (‘Ice Skater’), la película dirigida por el finlandés Taavi Vartia que ya está disponible en Prime Video.

La historia arranca con una joven patinadora que viaja con su equipo por los paisajes del Océano Ártico. Un despiste. Un témpano que se desprende. Y de repente está sola, flotando sobre un trozo de hielo que no deja de encogerse. El deshielo juega en su contra minuto a minuto. Cada vez menos superficie bajo sus pies.
El subgénero de supervivencia en espacios imposibles tiene un historial largo y cada vez más retorcido. Desde Bill Skarsgård encerrado en un coche en ‘Blindado’ hasta Anna Castillo dentro de un contenedor en mitad del océano en ‘Nowhere’, pasando por Blake Lively resistiendo a un tiburón en ‘Infierno azul’ o los tres esquiadores colgados de un telesilla en ‘Bajo cero’. El listón está alto. Y esta película lo sabe.
Lo que distingue a ‘Infierno Bajo Cero’ no es solo la situación de partida. El hielo se derrite, el espacio se reduce y, como si eso no fuera suficiente, aparece un enorme oso polar. Pero ni siquiera eso es lo peor que le espera a la protagonista. La película juega con esa sensación de absurdo que comparten todas estas historias: la incredulidad de quien no puede aceptar lo que le está pasando.
Y luego está el giro. Taavi Vartia reserva para el tramo final una vuelta de tuerca que transforma la película en algo que nadie esperaría: un alegato a favor de los teleoperadores. Sí, esos a los que cuelgas sin pensarlo. Ahí es donde la cinta deja de ser un ejercicio de supervivencia convencional y se mete en un territorio completamente distinto.
El título español coincide con el de una película bélica de 1954 dirigida por Mark Robson y protagonizada por Alan Ladd, lo que puede generar alguna confusión. Su título original, ‘Ice Skater’, también figura como ‘The Drift’ en algunas referencias. Da igual cómo la busques: está en Prime Video y dura lo justo para una noche en la que te apetezca ver a alguien pasarlo mucho peor que tú.
Una patinadora, un témpano que se deshace y un oso polar. Y aun así, lo más salvaje es el desenlace.
