El Prado reúne por primera vez los ocho cuadros costumbristas de Valeriano Domínguez Bécquer

El Museo del Prado expone juntas por primera vez las ocho pinturas que Valeriano Domínguez Bécquer realizó entre 1866 y 1867 por encargo del antiguo Museo de la Trinidad. La exposición, titulada Valeriano D. Bécquer (1834-1870): los cuadros de costumbres del Museo del Prado, permanecerá abierta hasta el 4 de octubre de 2026.

El origen del proyecto fue una Real Orden del 6 de febrero de 1865 que concedió al pintor una pensión para recorrer provincias españolas y retratar sus costumbres populares. El derrocamiento de Isabel II en 1868 cortó la financiación. Bécquer no pudo terminar la tarea. Una década después, los ocho óleos entregados se dispersaron por distintas instituciones. Ahora vuelven a estar juntos.

Pedro José Martínez, conservador del Área de Pintura del Siglo XIX y comisario de la muestra, ha destacado el valor de los textos que acompañan a los cuadros. Los escribió el propio Bécquer en cada entrega al Ministerio de Fomento. «Tienen una importancia fundamental», ha señalado Martínez.

El pintor hizo tres entregas, cada una ligada a una provincia. En 1866, Zaragoza y Soria. En 1867, Ávila. Su objetivo era ofrecer «una idea cabal de las costumbres populares y de los tipos y usos de cada provincia». A veces capturaba un momento festivo concreto. Otras veces, la riqueza material del lugar.

El primer envío llegó desde Vera del Moncayo e incluía dos escenas aragonesas: una familia tomando chocolate caliente y una fiesta mayor con paloteo y el «presente», un dulce costeado por la cofradía. El comisario lo ha descrito así: «Lo que él plantea es el momento del descanso en el que el alcalde, con un jarro de vino, le estaba ofreciendo a la comitiva, mientras que su hija les muestra el presente».

De Soria salieron tres pinturas: un baile popular, un leñador y una hilandera, todas en las cercanías de Burgo de Osma. Martínez ha insistido en el nivel de detalle del pintor: «La niña que está subida al carretón y que tiene su nariz congestionada del frío, que viene directamente de la montaña nevada. En detalles como estos es donde se demuestra que Valeriano es un pintor que hay que mirarlo de cerca».

El último envío retrató la peregrinación a la ermita de Sonsoles, en el valle de Amblés, Ávila. Una cesta de huevos para subasta, el escuadrón organizador con su alabarda y su lanza, y como pieza central, una escena de gente bebiendo agua de la Fuente de Sonsoles.

La sala que acoge la exposición funciona desde 2009 como espacio para los fondos del XIX. Por ahí han pasado monografías de Aureliano de Beruete, Miguel Blay, Rogelio de Egusquiza, Eduardo Rosales o Joaquín Sorolla. Bécquer se suma ahora a esa lista con un conjunto pequeño pero revelador: ocho cuadros que funcionan como una crónica visual de una España que ya solo existe en la pintura.

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