La sexta película de la franquicia ‘Insidious’ llega a los cines el 21 de agosto con Jacob Chase en la dirección y hace algo que parecía improbable a estas alturas: volver a asustar con oficio.

Después de que las dos primeras entregas de James Wan establecieran una iconografía propia —figuras apenas visibles al fondo del plano, silencios que pesaban más que cualquier golpe de orquesta, una influencia clara del j-horror de principios de siglo—, la saga se fue diluyendo. Tres secuelas que cambiaron inquietud por estridencia y atmósfera por volumen. El sobresalto mecánico sustituyó al miedo real. Costaba pedirle algo más a esta franquicia.
‘Fuera del más allá’ no pretende reinventarla. Su argumento vuelve a abrir las puertas de ese purgatorio de almas perdidas y, como ocurre cuando una mitología alcanza su sexta entrega, necesita retorcer sus propias reglas para seguir avanzando. Hay una escena de exposición —la tatuadora explicando el funcionamiento del Más Allá— tan directa que prácticamente mira al espectador a los ojos y le dibuja un mapa. Es lo peor de la película. También es lo más honesto: Chase sabe que necesita despejar el terreno antes de ponerse a trabajar.
Y cuando trabaja, se nota la diferencia. El director de ‘Ven a jugar’ entiende los tiempos del terror mejor que cualquiera de los que pasaron por esta saga tras Wan. Hay espera. Hay silencios. Hay planos donde el espacio vacío genera más tensión que lo que pueda aparecer en él. Los sustos siguen ahí, porque esto sigue siendo ‘Insidious’, pero vuelven a tener preparación y ritmo. No se reducen a subir el volumen y plantar un fantasma delante de la cámara.
La historia sigue a Gemma, una joven madre interpretada por Amelia Eve, que cría a su hija en la casa donde ella misma creció. Descubre que puede viajar al Más Allá y que su conexión con ese mundo le permite traer cosas de vuelta. Lo que empieza como un don se convierte en una puerta abierta que atrae fuerzas que no deberían cruzar. El reparto lo completan Brandon Perea, Maisie Richardson-Sellers, Sam Spruell y Laura Gordon, pero el centro magnético vuelve a ser Lin Shaye. Su Elise es ya uno de los grandes iconos del terror contemporáneo. Lo era antes de esta película y lo sigue siendo después.
‘Fuera del más allá’ recupera algo que estaba en el ADN de la saga desde el principio: la casa encantada como espacio doméstico deformado por lo sobrenatural. Chase mira con claridad hacia el ‘Poltergeist’ de Tobe Hooper, una de las semillas del primer film, y construye sus escenas con el cuidado de quien prefiere que el espectador anticipe el golpe sin saber exactamente cuándo llegará. Eso es más difícil de lo que parece. Y en 105 minutos de metraje, lo consigue con una consistencia que ninguna de las tres entregas anteriores logró mantener.
No es una obra maestra. Hay momentos donde la mitología pesa más de lo que debería y la exposición frena lo que el tono había conseguido levantar. Pero es una película que sabe lo que quiere hacer y lo hace bien. Para una saga que llevaba años funcionando en piloto automático, eso ya es mucho.
Probablemente la mejor ‘Insidious’ desde el díptico original de Wan. Y lo más importante: vuelve a recordar cómo funciona el miedo.



