Hay un subgénero del suspense que nunca falla: extranjeros que cruzan una frontera y pierden el juicio. Jan-Ole Gerster lleva esa tradición a una isla canaria con ‘Islands’, una película que convierte unas vacaciones familiares en un laberinto de tensión, alcohol y fascinación peligrosa.

La expresión exacta es de Viggo Mortensen: «extranjeros que se portan mal fuera de su país». La dijo hablando de ‘Las dos caras de enero’, aquella película donde él, Kirsten Dunst y Oscar Isaac la liaban en Atenas. Mortensen ponía nombre a algo que Patricia Highsmith llevaba décadas escribiendo. Tom Ripley haciendo de las suyas en Italia. Matrimonios que se desmoronan en Venecia. Grupos de amigos que se envenenan en islas mediterráneas.
‘Islands’ bebe de esa tradición y la planta en Fuerteventura. Un matrimonio inglés —Jack Farthing y Stacy Martin— llega con su hijo pequeño (Dylan Torrell) a un hotel remoto. Él es un imbécil. Protesta por la habitación porque no tiene vistas. La recepcionista, interpretada por Bruna Cusí (Goya a la mejor actriz revelación por ‘Verano 1993’), los define con precisión quirúrgica: «esa extraña familia inglesa». El policía local ni se inmuta. Otro turista borracho que la lía. Nada nuevo bajo el sol canario.
Y luego está el profesor de tenis. Sam Riley interpreta a un tipo que bebe, fuma, sale de juerga cada noche y a las nueve de la mañana ya está en la pista con sus primeros clientes. Dicen que jugó con Rafa Nadal. Dicen que le ganó. Eso lo convierte en una especie de leyenda local, alguien a quien nadie cuestiona demasiado. El tenista acaba dando clases al hijo de la pareja. Después, casi sin transición, está de copas con el marido en el Waikiki, un Beach Club que existe de verdad en Fuerteventura. A partir de ahí, el misterio.
Lo que hace Gerster —guionista y director, control total— es construir una trampa que se cierra despacio. El tenista se ve atrapado en el centro de una intriga que no buscaba. Y fascinado por la mujer. Es difícil no estarlo. Stacy Martin, descubierta por Lars Von Trier para interpretar a la versión joven de Charlotte Gainsbourg en el díptico ‘Nymphomaniac’, tiene esa cualidad de imán silencioso que este tipo de películas necesitan. Alguien a quien miras sin saber exactamente por qué no puedes dejar de hacerlo.
El escenario importa tanto como los personajes. Fuerteventura no es aquí un decorado bonito para el cartel. Es un territorio que amplifica todo: el aburrimiento del matrimonio, la desgana del tenista, la extrañeza de ser forastero en un lugar donde el sol lo aplana todo. Gerster entiende algo que Highsmith entendía mejor que nadie: cuando sacas a alguien de su contexto, lo que llevaba dentro sale a la superficie. No hace falta empujar demasiado. Basta con calor, alcohol y una persona equivocada en el momento justo.
‘Islands’ está disponible en Filmin. Y merece la pena buscarla, porque hace algo cada vez más raro en el cine actual: confiar en la tensión que genera lo que no se dice, lo que se intuye, lo que ocurre entre línea y línea de diálogo educado entre desconocidos que no deberían haberse cruzado.



