Fernando González Molina reconstruye los atentados yihadistas del 17 de agosto de 2017 en Barcelona a través del dispositivo policial que dio nombre a la película. El resultado es desigual: preciso cuando confía en el procedimiento, sobreactuado cuando lo abandona.

La premisa es honesta y está bien elegida. En lugar de hurgar en las causas profundas de lo ocurrido o de construir tramas de ficción sobre una tragedia real, González Molina opta por el camino del thriller procedimental. Describir paso a paso cómo funcionó el operativo que acabó con la captura y muerte de los responsables. Nada más. Nada menos.
Hay una referencia inevitable flotando sobre cada plano: Alan J. Pakula. Aquel cine que demostró que el discurrir casi funcionarial de la vida, observado con suficiente detalle, genera una excitación que no necesita artificios. ‘Cronos’ quiere estar ahí, en ese territorio. Y durante un buen tramo, lo consigue.
La película arranca en una Barcelona en shock. Algo ha pasado y el caos se impone. Con inteligencia, el filme evita el morbo y el exhibicionismo de lo que quizá es irrepresentable. Todo el protagonismo recae sobre los funcionarios enfrentados de golpe a un abismo que no acaba. Víctimas, agentes, trabajadores públicos. Cualquiera de ellos podría ser cualquiera de nosotros. Ese punto de partida es certero.
El problema aparece cuando la película deja de fiarse de su propia premisa. En algún momento, el thriller procedimental se avergüenza de serlo. Como si mezclar excitación y un acontecimiento tan grave fuera una falta de respeto, ‘Cronos’ quiere ser también drama psicológico sobre personajes hundidos y humanos. Demasiado humanos.
Ahí empiezan las grietas. Gestos sobreactuados, frases subrayadas tres veces y concesiones a la galería de los buenos sentimientos que se sienten tan evidentes como conservadoras. Enric Auquer vuelve a caer en la hipérbole que a veces lastra su trabajo. Diana Gómez y Mónica López completan un reparto que funciona mejor cuando el guion les deja respirar que cuando les obliga a demostrar emoción.
118 minutos dan para mucho cuando el mecanismo funciona, y para demasiado cuando se atasca. González Molina, que ya demostró oficio con la saga basada en los libros de Dolores Redondo, sabe filmar tensión. Lo que aún no parece tener claro es que la tensión y el nerviosismo no son lo mismo. ‘Cronos’ confunde una cosa con la otra, y esa confusión le cuesta la película.
Lo mejor de ‘Cronos’ está en lo que no muestra. En su decisión de mirar hacia el lado operativo, hacia la parte de atrás del horror. Lo peor es que no aguanta esa apuesta hasta el final. Y en un thriller procedimental, abandonar el procedimiento es abandonarlo todo.



