Alba Sueiro llevará ‘El Progreso’, su documental sobre la cara oscura del desarrollo turístico, al XXII Foro de Coproducción Lau Haizetara dentro de la 74ª edición del Festival de San Sebastián.

La directora gallega, nacida en Sanxenxo en 1989, parte de lo que conoce de primera mano. Crecer en una localidad marinera que el turismo fue devorando, barrio a barrio, temporada a temporada. Esa experiencia personal es el combustible de la película.
El proyecto ha sido seleccionado entre 150 candidaturas internacionales para participar en el foro, que se celebrará del 21 al 23 de septiembre en Tabakalera. Compartirá espacio con trabajos llegados de Finlandia, Palestina, Italia, Argentina, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, México, Perú, Dinamarca y Chile. Producen Contracultural Media y Sarandonga Films.
La pregunta que lanza ‘El Progreso’ es sencilla y envenenada: ¿qué pasa cuando un lugar se vuelve cada vez más atractivo para visitar y cada vez más imposible para vivir? Precio de la vivienda, precariedad laboral, desaparición de comercios, desplazamiento de residentes. El catálogo de daños es largo y conocido, pero Sueiro no se queda en el diagnóstico.
La historia se apoya en dos personajes reales. Paco, un marinero jubilado que guarda fotografías y recuerdos de un barrio que ya no existe, convencido de que antes se vivía mejor. Y Elodie, una antropóloga que trabaja de guía turística y cuestiona esa nostalgia. Dos miradas enfrentadas que evitan la trampa del relato simple.
Ahí está lo interesante. ‘El Progreso’ no idealiza el pasado ni celebra el presente. Pregunta quién construye el relato del progreso y qué historias se quedan fuera. A partir de Paco y Elodie aparecen otras vecinas, otros recuerdos, otras versiones de lo que fue y lo que ya no es.
La propuesta formal también tiene su riesgo. Sueiro mezcla observación documental, imágenes de archivo, ficción y recreaciones oníricas, e incorpora nuevas tecnologías para jugar con los límites entre lo vivido, lo recordado y lo imaginado. El tono busca moverse entre la ternura, lo tragicómico y una estética deliberadamente kitsch.
Es un documental que cuestiona dos mitos a la vez: el de que el turismo trae prosperidad para todos y el de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que esa doble incomodidad salga de Sanxenxo y llegue a San Sebastián tiene su propia ironía. Dos destinos turísticos mirándose a los ojos a través de una película que pregunta exactamente lo que nadie quiere responder.



