‘Femenino, singular’: Xavi Puebla firma una película que incomoda sin levantar la voz

Xavi Puebla dirige una obra austera, honesta y sin artificios sobre la invisibilidad del trabajo doméstico y el clasismo disfrazado de progresismo. Tras su paso por el Festival de Málaga, ‘Femenino, singular’ deja claro que se puede hacer cine político sin panfleto.

La historia sigue a Nayeli, una joven mexicana que sobrevive en Barcelona como empleada del hogar y cuidadora. Cuando su estabilidad se rompe, el entorno que la rodea revela lo que escondía bajo su fachada tolerante: prejuicios, condescendencia y un clasismo que nadie reconoce como tal.

El guion, firmado por el propio Puebla junto a Mireia Vidal y Jesús Méndez, esquiva la tentación más obvia. Nayeli no es una víctima perfecta ni un símbolo. Es un personaje con decisiones difíciles, ambigüedades y una dignidad que se niega a ceder ante la burocracia y la indiferencia.

Vico Escorcia carga con todo el peso dramático de la película. Y lo hace con una contención que asusta. Gestos mínimos, miradas esquivas, una postura que va de la sumisión obligada a la firmeza callada. Su interpretación huye del melodrama y golpea precisamente por eso: por su autenticidad.

El elenco secundario funciona como espejo incómodo. Nora Navas y Sergio Caballero construyen personajes que no son villanos de cartón. Son algo peor: gente convencida de su propia bondad, incapaz de ver los privilegios sobre los que se sostiene su día a día. Retratos de una clase media-alta burguesa que se cree justa y progresista mientras perpetúa exactamente lo contrario.

Puebla acierta de lleno en la dirección. No busca el golpe de efecto. La cámara de Albert Pascual opta por una fotografía naturalista con encuadres cerrados que transmiten claustrofobia emocional: cocinas impecables, pasillos estrechos, pisos donde la persona que trabaja está presente pero nunca debe ser vista. La violencia no llega con gritos ni agresiones. Llega con un tono de voz sutilmente imperioso, una mirada de desconfianza o la asunción de que el tiempo de la trabajadora vale menos. La música de Isabel Latorre acompaña sin subrayar, dejando que el montaje sostenga la tensión.

Tiene un pero. El segundo acto se mueve en un registro tan austero que el ritmo se frena. Quien busque giros espectaculares o resoluciones catárticas saldrá desencantado. La película apuesta por la micronarrativa y la resolución interna, y eso exige paciencia. No es un defecto menor, pero tampoco traiciona la propuesta: es coherente con lo que Puebla quiere contar y cómo quiere contarlo.

En 91 minutos, ‘Femenino, singular’ consigue algo que muy pocas películas españolas recientes logran: incomodar con elegancia. No redime al espectador ni le ofrece consuelo al salir de la sala. Le obliga a revisar cómo mira a las personas que hacen funcionar su vida desde la sombra. Una película modesta en escala que pega donde más duele: en la conciencia.

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