Guy Ritchie lleva más de dos décadas haciendo esencialmente lo mismo. Y lo hace tan bien que cada vez que se sale de su zona, lo que más apetece es que vuelva a ella. Con ‘En la zona gris’ regresa a ese espacio donde la ley y el crimen comparten mesa, y el resultado tiene todo lo que uno espera de él: ritmo, mala leche y un plan que se tuerce.

La premisa es puro Ritchie. Eiza González interpreta a Rachel Wild, una abogada que se dedica a recuperar dinero para grandes firmas financieras. Su encargo esta vez: cobrar una deuda de 1.000 millones de dólares a Manny Salazar, un magnate criminal al que da vida Carlos Bardem. Rachel sabe que no puede ir sola, así que contrata a dos tipos acostumbrados a moverse entre lo legal y lo violento: Sid y Bronco, interpretados por Henry Cavill y Jake Gyllenhaal.
Los nombres del reparto no son casualidad. Gyllenhaal ya había trabajado con Ritchie en ‘El pacto’ (2023). Cavill acumula dos películas con el director: ‘Operación U.N.C.L.E.’ (2015) y ‘El Ministerio de la Guerra Sucia’ (2024), esta última también junto a González. Ritchie repite con quien le funciona. Es un tipo de lealtades.
Bardem, en cambio, entraba en territorio nuevo. Y lo que cuenta sobre el rodaje retrata al director mejor que cualquier perfil. Todo el equipo le advirtió antes de empezar: «¿Estás preparado? Guy lo cambia todo». Ritchie reescribía escenas sobre la marcha, modificaba diálogos, replanteaba la puesta en escena a pie de set. Un caos que, según el actor madrileño, resultó ser «una de las experiencias más plácidas y divertidas» de su carrera. Dice mucho de un director que su desorden genere esa respuesta.
Parte del rodaje tuvo lugar en Tenerife, con 35 jornadas entre septiembre y octubre de 2023, centradas en localizaciones urbanas. La Tenerife Film Commission concedió a la producción su sello de sostenibilidad por las medidas adoptadas durante esas semanas.
Hay que ser honesto con lo que ofrece la película. ‘En la zona gris’ tiene momentos irregulares. La trama no siempre sostiene el mismo nivel que sus secuencias de acción, y eso se nota. Pero Ritchie no pretende hacer cine de autor ni ganar premios. Pretende entretener con oficio, con personajes que hablan rápido y disparan cuando toca, con planes que se complican y con un humor que brota de la tensión. Y en eso sigue siendo de los mejores.
Lo que define a Ritchie no es la originalidad de sus historias, sino la manera en que las cuenta. Ese pulso entre el caos y el control. ‘En la zona gris’ es exactamente eso: un director haciendo lo que mejor sabe hacer, con un reparto que le sigue el paso y una premisa que le queda como un guante. No reinventa nada. Pero a estas alturas, tampoco hace falta que lo haga.



