La nueva película de Javier Ruiz Caldera llega a la Competencia Oficial del 74 SSIFF con un bucle temporal que mezcla comedia y terror en 92 minutos escritos por el propio Berto Romero.

Un coche avanza por una carretera de montaña. Dentro, una pareja en crisis. La música suena y se entrecorta. Lo que parecía banda sonora resulta ser la radio del coche, perdiendo señal en mitad de la nada. Con ese gesto de puesta en escena, pequeño pero elocuente, arranca ‘5 minutos más’. Ruiz Caldera avisa pronto: aquí las cosas no son lo que parecen.
La premisa se planta con limpieza. Toni (Berto Romero) y Bárbara (Belén Cuesta) llegan a una casa vacacional para intentar salvar su matrimonio. En el jardín les espera Carlos (Javier Cámara), el casero, con su bastón y una sonrisa que no termina de convencer. Carlos se despide, va hacia su coche y a las seis y cinco de la tarde el tiempo retrocede. Vuelven a ser las seis. Los tres están otra vez en el jardín. Y otra vez. Y otra vez.
El terreno es conocido. De ‘Atrapado en el tiempo’ a ‘Feliz día de tu muerte’, el cine lleva décadas jugando con bucles temporales. La pregunta ya no es si el mecanismo funciona, sino qué haces con él. Ruiz Caldera y Romero apuestan por un híbrido entre la comedia y el terror. La risa nace de la espontaneidad de los diálogos, del desparpajo con el que los actores habitan esos cinco minutos eternos. El horror llega por otro lado: golpes, accidentes, choques y peleas filmados con una frontalidad que no escatima detalles.
Ahí es donde la película tropieza con su propio tono. Hay una insistencia en mostrar lo que no necesita estar en el encuadre. Un plano aéreo que desciende hasta dos cadáveres. Un travelling circular que subraya la angustia cuando la angustia ya estaba clara. Son decisiones de cámara que delatan cierta desconfianza en el espectador, como si la película temiera que el golpe no llegara sin empujón visual.
En cambio, cuando ‘5 minutos más’ se permite ser lúdica, respira. En un momento dado la pantalla se divide en dos para seguir a personajes distintos dentro del mismo bucle. Es un recurso sencillo y eficaz, el tipo de idea que demuestra que la repetición no tiene por qué ser dogmática. El problema es que esos hallazgos conviven con subrayados que los anulan.
Berto Romero, además de guionista, carga con el peso cómico del relato. Su Toni funciona mejor en el absurdo de la situación que en los momentos dramáticos. Cámara, con menos texto y más presencia física, construye un Carlos inquietante a base de gestos mínimos. Cuesta queda algo atrapada entre los dos registros de la película, sin que el guion le dé suficiente espacio para desplegar lo que claramente puede ofrecer. Les acompañan Carlos Bernardino, Marc Soler y Clàudia Melo en los roles secundarios.
El reto de fondo de cualquier película de bucles es el salto del juguete a lo metafísico. Pasar del «qué divertido, se repite todo» al «qué significa que se repita todo». ‘5 minutos más’ lo intenta a través del personaje más trágico del grupo, pero no termina de encontrar la profundidad que busca. Se queda en el umbral. Golpea la puerta, pero no entra.
Ruiz Caldera, que con ‘3 bodas de más’ demostró en 2013 que la comedia española podía ser ágil y popular, se mueve aquí en un registro más arriesgado. El resultado es desigual: tiene momentos de auténtica inventiva visual y un arranque que engancha, pero también un exceso de subrayado que lastra la segunda mitad. En 92 minutos hay una película muy buena peleando por salir. A veces lo consigue. A veces se le acaba el tiempo.



