Los Javis han conseguido que medio país salga llorando del cine. Y que hasta Boyero reconozca que ‘La bola negra’ posee algo conmovedor. Eso, viniendo de donde viene, ya es una declaración de estado.

Hay un trend viral que lo resume todo: la gente sube fotos con los ojos destrozados a la salida de la sala. No es postureo. Es que la película duele de verdad. Duele porque los Javis y Alberto Conejero han hecho algo que parecía imposible: meterse en el bando franquista y encontrar ahí la grieta humana. Los personajes dudan, se emocionan, tienen gestos de ternura. No son monstruos planos. Son gente con un fusil que no pidió.
«Me pusieron un fúsil y me mandaron para aquí», dice el personaje de Guitarricadelafuente. Una frase que condensa el sinsentido de todo. Rafael y Sebastián son enemigos que solo quieren amarse. Y ahí está el golpe maestro de la película: no pide que odies a nadie. Pide que entiendas lo que se perdió.
La comparación con ‘La lengua de las mariposas’ no es gratuita. Aquel niño Moncho apedreando a su maestro republicano mientras se lo llevaban al paredón era, hasta ahora, la imagen más desgarradora del cine español sobre la Guerra Civil. ‘La bola negra’ se pone a esa altura. Lo hace desde otro ángulo, pero con la misma verdad: nadie puede odiar a ninguno de los dos lados cuando lo que hay en juego es amor.
Hay una frase del personaje de Penélope Cruz, la cupletista, que funciona como manifiesto: «El transformismo es la fantasía de la posibilidad; la guerra es todo lo contrario». Esa idea vertebra toda la película. Los Javis han construido un relato transformista en el sentido más profundo del término. Una ficción llena de posibilidades: la de que existiera un último acto de ternura para Rafael Rodríguez Rapún, la de que Lorca hubiera terminado su obra, la de que la historia hubiera sido otra.
Y aquí es donde los Javis se transforman ellos mismos. Ya no son solo los tipos que renovaron la televisión española con personajes queer y humor afilado. Con ‘La bola negra’ han hecho algo más grande: una película que recuerda el asesinato de Lorca por maricón, que muestra a quienes se quedaron dentro de su armario y murieron en vida, y que convierte la nieve en la muerte simbólica de todos ellos. El armario y la muerte son lo mismo. Esa es la tesis, y duele como pocas.
Los Javis han dicho que es una película antifascista. Lo es. Pero no porque grite consignas, sino porque hace justicia poética. La ficción sirve para eso: para que lo que la Historia nos robó nos sea devuelto en una sala oscura. Para no dejar que se mueran del todo. ‘La bola negra’ no es solo su mejor película. Es la prueba de que el transformismo de los Javis ya no tiene límites conocidos.



