Diego Luna carga contra la derecha en ‘Ceniza en la boca’: «Nadie migra por capricho»

El actor y director mexicano presenta su tercera película tras las cámaras, una adaptación de la novela de Brenda Navarro que retrata el dolor silencioso de quienes emigran y descubren que llegar no significa pertenecer.

Diego Luna no se anda con rodeos. En la promoción de ‘Ceniza en la boca’ habla de su película, sí, pero también de todo lo que la rodea. Y lo que la rodea es un mundo que mira hacia otro lado. «Ya está bien de esos cinismos tan ridículos de la derecha con respecto a la inmigración», suelta sin que le tiemble la voz. «La sociedad moderna no se puede entender sin ella. Cualquier civilización, nación o comunidad existe porque hubo algún antepasado que emigró. Nadie migra por capricho ni por chingar a los demás».

La película cuenta la historia de Lucila, interpretada por Anna Díaz con una contundencia que Luna no duda en subrayar. Una joven de apenas 21 años que creció en México cuidando a su hermano pequeño mientras su madre intentaba construir una vida en Madrid. Cuando los tres se reencuentran en España, lo que aflora no es alivio. Son cuentas pendientes, identidades extraviadas y un tiempo que nadie sabe cómo recuperar. Lucila acabará huyendo a Barcelona. Lo que encuentra allí no sorprende a nadie: alquileres imposibles, trabajos mal pagados y la sensación constante de no pertenecer a ningún sitio.

Luna utiliza un recurso visual que define el tono de toda la cinta. De tanto en tanto, la pantalla se queda en blanco. La sala se ilumina. El espectador se ve a sí mismo. «La idea es dejar a la audiencia que rellene ella sola esos huecos», explica. «Son muchos los lectores de la novela de Brenda Navarro y estoy convencido de que cada lector tiene su propia visión, su propia lectura». Esos cortes, además, tienen una función clara: separar esta película de las cintas de frontera al uso. «Ésta no es una historia sobre los conflictos del viaje. Lo que me interesaba era contar la vida de los que ya están allí, los que vemos a diario. Esos que cuidan a nuestros hijos, atienden a nuestros mayores».

Preguntado por si España es ahora más xenófoba que antes, Luna no señala con el dedo a un solo país. «Es un fenómeno global. Sucede lo mismo en todos los sitios». Pero tampoco se queda en la tibieza: «La única certeza es que cada vez se va a mover más gente de un lado a otro. Las causas nos las sabemos: la violencia, la extrema pobreza, la falta de oportunidades y la emergencia climática».

Lo más revelador de la entrevista llega cuando habla de sí mismo. Todas sus películas como director nacen del mismo lugar. «Mi terapeuta sabe algo de todo esto», dice con media sonrisa. «Todo tiene que ver con la ausencia de mi madre. Ella murió en un accidente de coche cuando tenía dos años. Buena parte de mi vida me la explico a partir de esa falta». Luna reconoce que solo se atrevió a dirigir cuando se convirtió en padre. Su primera película fue una declaración sobre el padre que no quería ser. ‘Ceniza en la boca’, en cambio, tiene que ver con su hija. «Con el paso de la niñez a la edad adulta».

La película llega a la cartelera con el eco todavía reciente de su papel como Cassian Andor en la que muchos consideran la mejor serie derivada del universo Star Wars. Dos registros que no pueden estar más lejos el uno del otro. De la galaxia muy lejana al dolor que tenemos delante y preferimos no mirar. Ahí es exactamente donde Luna quiere poner la cámara.

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