‘Naza’: el documental que desnuda la maquinaria del asesinato masivo en Gaza

Yuval Abraham pone cámara y micrófono ante una veintena de exmiembros de los servicios secretos israelíes. Lo que cuentan, premiado en Venecia, es un relato de muerte industrializada que no admite eufemismos.

Jugaban a matar desde sus pantallas. Cuantas más víctimas, mayor era el aplauso de sus jefes. Así lo describen ellos mismos, los que apretaban el botón. No era un videojuego. Los muertos eran reales. Se contaban por miles.

‘Naza’ toma su título de la palabra que designa los daños colaterales. Niños, esposas, abuelos. Familias enteras que caían junto al objetivo señalado por un programa de inteligencia artificial. El sistema detectaba a miembros de Hamás en Gaza. El ejército israelí los eliminaba. Y con ellos, a todo lo que respirara cerca.

Lo que hace Yuval Abraham es algo que rara vez se consigue en el cine documental: poner a los verdugos a hablar. Una veintena de antiguos agentes de inteligencia, ahora arrepentidos, desfilando ante la cámara para explicar cómo funcionaba aquello por dentro. Cómo señalaban objetivos. Cómo marcaban también a personas que simplemente hacían cola para recoger comida en una Gaza sitiada.

No hay recreaciones. No hay música subrayando lo obvio. Hay testimonios. Y los testimonios son demoledores porque vienen de dentro. No es una denuncia externa. Es una confesión colectiva.

La cifra que atraviesa el documental golpea sin anestesia: más de 70.000 palestinos muertos. Abraham no la lanza como titular. La construye pieza a pieza, testimonio a testimonio, hasta que el espectador entiende que no se trata de una guerra con víctimas, sino de una maquinaria diseñada para producirlas.

El premio en Venecia no fue un gesto político. Fue el reconocimiento de una película que mira de frente algo que la mayoría prefiere no ver. ‘Naza’ no pide permiso para incomodar. Incomoda porque esa es su función.

Hay documentales que informan y documentales que obligan a posicionarse. ‘Naza’ pertenece a la segunda categoría. Cuando los propios ejecutores dicen que aquello no tenía justificación posible, el debate queda en un lugar muy incómodo. Exactamente donde Abraham quiere dejarlo.

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