Nicolas Winding Refn ha presentado en el Festival de Sitges ‘Su propio infierno’, su regreso al largometraje después de diez años dedicado a series para plataformas. La película, que ya pasó por Cannes, se estrena este fin de semana en cines españoles.

Diez años. Eso es lo que ha tardado el director danés en volver a sentarse detrás de una cámara para hacer cine. El tipo que partió en dos al público con ‘Drive’ y que se ganó tantos devotos como detractores con ‘The Neon Demon’ reaparece ahora con algo que él mismo define como «un kaleidoscopio de todo lo que hay en mí». La frase no es gratuita. Winding Refn habla de haber condenado partes de sí mismo al ostracismo durante años y de haberlas reunido por fin en una sola experiencia.
‘Su propio infierno’ se presenta como un slasher retro y futurista a la vez. Sophie Thatcher, a la que el público conoce por ‘Yellowjackets’ y ‘La acompañante’, lleva el peso de la película. La acompañan Charles Melton, Havana Rose Liu y Diego Calva. Encontrar a la protagonista no fue fácil. Winding Refn ha contado que el proceso de casting duró un año y recibieron más de 10.000 solicitudes de todo el mundo. «No sabía qué quería, pero sí sabía lo que no», reconoció. Cuando Thatcher apareció para una simple reunión, antes siquiera de hacer la prueba, el director ya lo tuvo claro.
Lo que resulta más revelador de la entrevista en Sitges es la manera en que Winding Refn explica su aproximación al cuerpo y a los objetos. «Me gusta fetichizar los objetos. Toda creatividad, cuando vas más allá de lo narrativo, se reduce a emoción, sentimiento. ¿Cómo materializas un sentimiento? Tienes que objetivarlo, fetichizarlo, sexualizarlo». El danés describe haber tratado todo en la película como su propia colección de muñecas y muñecos, colocándolos en situaciones de objetivación. Quien conozca su filmografía no se sorprenderá. Quien no, queda avisado.
Hay un detalle que rompe con su forma habitual de trabajar. Es la primera película de toda su carrera en la que ha hecho storyboards. Llenó las paredes de una habitación con ellos para que el equipo pudiera entender la idea completa antes de rodar. Además, filmó en orden cronológico. «Me he preparado de una manera nada tradicional, porque quería tener listo al detalle el aspecto final de la película», ha explicado.
La banda sonora lleva la firma de Pino Donaggio, colaborador habitual de Brian De Palma. Winding Refn probó muchos estilos de música sin que ninguno encajara hasta que se dio cuenta de que aquella habitación forrada de storyboards le daba sensación de ópera. «Todos los compositores de ópera están muertos… excepto Pino Donaggio», zanjó. No comparten idioma —él no habla italiano, Donaggio no habla inglés—, pero la conversación inicial fue breve porque el compositor captó el sentido operístico a la primera.
El propio director ha reconocido que la idea de ‘Su propio infierno’ nació hace años, se bifurcó en dos y no encontró su forma definitiva hasta que pudo unirla con una tercera. Tras una década haciendo series para plataformas, sentía este regreso como algo muy importante. Y así lo ha planteado: no como una película más, sino como la suma de todo lo que llevaba dentro y no había sabido juntar. Este fin de semana, los cines españoles podrán comprobar si esa suma funciona o si Winding Refn sigue siendo exactamente lo que siempre ha sido: alguien capaz de fascinar y exasperar a partes iguales con el mismo plano.



