Yuval Abraham, director de ‘NAZA’, vive escondido en Europa por las amenazas de Israel

Yuval Abraham no puede volver a casa. El cineasta israelí, que acaba de estrenar en cines españoles su documental ‘NAZA’, codirigido con Rachel Szor, lleva meses oculto en algún lugar de Europa tras las amenazas recibidas desde Israel, empezando por el propio Gobierno de Benjamin Netanyahu.

Abraham, de 31 años, no se arruga. «Como periodista, cuando haces un filme que expone crímenes, que el Gobierno que los cometió se sienta atemorizado no está mal», dice con una calma que contrasta con la gravedad de lo que cuenta. Lo que más le inquieta no es Netanyahu, sino la sociedad israelí: «Gran parte está abiertamente al ataque contra nosotros».

‘NAZA’ —acrónimo en hebreo de «daños colaterales»— recoge los testimonios de 24 militares israelíes que detallan el sistema de asesinato en masa de palestinos en Gaza. Llegaron a tantear a más de cien. El documental se estrenó en el Festival de Venecia y ha superado la conmoción que ya generó ‘No Other Land’, con la que Abraham, Szor, Basel Adra y Hamdan Ballal ganaron el Oscar al mejor largometraje documental.

Lo que hace especialmente incómodo a ‘NAZA’ es hacia dónde apunta. No señala solo a la derecha israelí. Señala a la élite liberal de Tel Aviv. «Yo quería mostrar cómo este grupo social está detrás de algunas de las acciones más atroces cometidas en Gaza», explica Abraham. «Hablamos de gente que está contra Netanyahu, que cree en la democracia, al menos para los israelíes judíos, que cree en la lucha contra el cambio climático y en los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Pero con respecto a las políticas contra los palestinos, sus posiciones son bastante similares a las de Netanyahu.»

La pregunta que vertebra el documental es tan simple como demoledora: «¿Cómo puede alguien tener una imagen de sí mismo de buena persona y seguir participando en la matanza?»

Abraham defiende que ‘NAZA’ huye del reportaje convencional. No hay narración ni infografías. «En el cine, y en especial en un documental, a veces lo más fuerte no es lo que se dice, sino lo que no se dice. Es el silencio.» Lo que golpea, según él, es ver a un soldado hablar del asesinato de una familia con un tono de voz rutinario, casual. Eso se queda dentro.

La reacción del Gobierno israelí ha sido producir su propio documental titulado ‘NAZA, la verdadera historia’, con un estilo visual muy similar. Abraham lo despacha sin rodeos: «Empecé a verlo y al rato me aburrí y lo paré. El hecho de que sientan una necesidad de mimetizar mi filme acabará aportando más atención a mi trabajo».

El documental estará disponible online de forma gratuita en noviembre para todo el mundo. Las elecciones legislativas en Israel están previstas para el 27 de octubre, y Abraham vigila el calendario con cautela: «Me preocupa lo que sucederá en Israel cuando esto suceda. Yo quiero volver.»

Hay algo que queda flotando después de escuchar a Abraham. ‘NAZA’ no pide que el espectador tome partido. Pide que mire. Que escuche a esos soldados hablar como quien repasa la lista de la compra. Y que saque sus propias conclusiones sobre lo que significa participar en algo atroz y seguir considerándote buena persona.

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