La película ‘Chopin’ se estrena hoy en cines con la intención de desmontar la imagen oficial del compositor polaco. Eryk Kulm da vida a Frédéric Chopin en un filme que lo presenta como un hombre marcado por la tuberculosis, el humor y una libertad creativa nacida de la cercanía de la muerte.

El punto de partida lo deja claro la propia sinopsis: un joven pianista polaco conquista París, se convierte en el centro de todas las conversaciones y en la figura más romántica de sus noches. Hasta que sus pulmones empiezan a sangrar. A partir de ahí, componer se convierte en obsesión. El reloj corre y Chopin lo sabe.
Lo interesante es lo que el director ha contado sobre su proceso. No quería un retrato convencional. Quería carne y hueso. «En Polonia, Chopin es un héroe. Comencé a leer sus cartas personales, más de cien páginas de correspondencia entre él y sus amistades. Lo que sabía de él era lo que me habían contado en la escuela, pero su personalidad era otra. Mi película es una propuesta en contra de los conocimientos que había adquirido». Esa declaración marca el tono de todo el proyecto. No es un homenaje complaciente. Es una revisión.
La tuberculosis vertebra la historia. Chopin viajó a Mallorca buscando mejorar su estado de salud, pero la humedad del invierno empeoró todo. El director lo resume con una imagen brutal: «La enfermedad era su esposa y la música su amante. He hecho la película bajo esa premisa». Esa tensión entre el cuerpo que se apaga y la mente que se enciende es el motor narrativo del filme.
Y hay una idea que eleva el relato por encima del ‘biopic’ al uso. Cuando Chopin siente que el final se acerca, compone con una libertad que no se había permitido antes. «Comienza a componer aquello que realmente considera que debe ser la música. Se siente libre». La muerte como detonante creativo. No como final, sino como arranque.
El reparto acompaña la ambición del proyecto. Eryk Kulm, al que el público español puede ubicar por ‘La promesa de Irene’, carga con el peso de Chopin. Joséphine de La Baume interpreta a George Sand, la escritora que fue el gran amor del compositor. Lambert Wilson encarna a Luis Felipe I de Francia. Y Victor Meutelet se mete en la piel de otro genio del piano: Franciszek Liszt. Cuatro figuras históricas de primer orden compartiendo pantalla.
Hay un detalle que el director destaca como su mayor descubrimiento durante la investigación: Chopin tenía un gran sentido del humor. De hecho, era uno de los rasgos principales de su personalidad. Un dato que rompe con la imagen del genio atormentado y sombrío que el imaginario colectivo ha construido durante décadas. Si la película consigue trasladar ese matiz, habrá ganado algo que pocos ‘biopics’ musicales logran: un protagonista que no se reduce a su talento ni a su tragedia.
‘Chopin’ llega hoy, 16 de octubre, exclusivamente a cines. Sin plataformas. Sin atajos. Sala oscura y un compositor que, según esta película, solo fue realmente libre cuando supo que se moría.



