‘Apocalipsis Z: Nuevo Mundo’: acción eficaz con zombis y personajes que no terminan de cuajar

La secuela dirigida por Carles Torrens mejora a ‘El Principio del Fin’ con un despliegue de acción más variado y ambicioso, aunque tropieza cuando intenta emocionar con unos personajes demasiado esquemáticos.

Si la primera entrega de la saga basada en las novelas de Manel Loureiro apostaba por una perspectiva más íntima de la supervivencia, ‘Apocalipsis Z: Nuevo Mundo’ cambia de registro. Aquí el protagonismo pasa a un grupo de militares y la película abraza el espectáculo sin complejos, con hordas de infectados como centro de una aventura coral.

La trama se sitúa en Canarias, donde las autoridades se han replegado tras la expansión del virus TSJ. El archipiélago vive sumido en la pobreza y el malestar social. Roberto, un joven que carga con el estigma de que su padre fue responsable de desencadenar la catástrofe, termina uniéndose a una misión militar con destino a Madrid cuyo objetivo es establecer una ruta de suministros hacia las islas.

La acción es con diferencia lo mejor de la película. Torrens diseña secuencias muy variadas, saca partido a cada escenario y busca formas distintas de poner en aprietos al grupo. Destacan especialmente un combate contra zombis a doble cuchillo y un enfrentamiento final con armas que recuerdan al videojuego ‘Dying Light 2’. La entrega física del elenco y la apuesta por efectos prácticos logran que cada pelea transmita autenticidad.

El ritmo acompaña gracias a una duración ajustada de unos 90 minutos. La cinta intercala secuencias de combate con los momentos de convivencia del grupo sin sacrificar agilidad, y se ve con mucha ligereza. Las situaciones que plantea no son particularmente originales, pero están resueltas con oficio.

El acento español aporta bastante a la ambientación. Reconocer como propios los espacios donde se desarrolla la catástrofe genera una incomodidad particular, algo que el género ya explotó con ‘[REC]’. Las imágenes de Canarias y Madrid sumidas en la destrucción tienen un efecto distinto al de las localizaciones extranjeras que suelen dominar este tipo de producciones.

El problema llega cuando la película reclama una conexión emocional que sus personajes no logran sustentar. Resultan figuras excesivamente arquetípicas: útiles para hacer avanzar la trama, pero carentes de carisma o conflictos memorables. La pareja protagonista no termina de cuajar y queda a veces superada por secundarios con bastante menos metraje. Algún destello puntual, como cierta escena con un farolillo, no basta para que las tramas personales alcancen la intensidad que necesitan.

Apocalipsis Z: Nuevo Mundo rinde mucho más cuando evoca una partida de Left 4 Dead que cuando aspira a la emoción de The Last of Us. Es una cinta de zombis ágil, contundente y entretenida, una secuela más enfocada que su predecesora, que identifica su mejor baza y la exprime con eficacia.

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