La segunda película del universo creado por Manel Loureiro cambia de protagonista y de registro para contar una misión suicida por la península, con más acción y un salto notable en la dirección de actores respecto a su predecesora.

Carles Torrents repite en la dirección de esta continuación que sitúa su acción en unas Islas Canarias convertidas en el último refugio europeo. La población ha sido militarizada y un ciudadano corriente es reclutado para una misión de suministros al territorio continental. El guion, firmado de nuevo por Ángel Agudo, adapta las novelas de Loureiro con un enfoque que mantiene a un tipo normal tomando decisiones poco cinematográficas como eje de la historia.
Aunque la película continúa los acontecimientos de ‘Apocalipsis Z: El principio del fin’, funciona más como historia paralela e independiente. El punto de vista cambia, la ubicación cambia y los objetivos son otros, aunque el universo de Manel y su gato Lúculo sigue presente.
El reparto lo encabezan Carlos Alcaide, Mario Mayo, Lucía Moreno, Javier Godino y Mónica López, con el regreso de José María Yazpik en su mismo personaje. Alcaide carga con el peso argumental, pero su protagonista queda integrado dentro del grupo militar sin desequilibrar el conjunto. López, conocida por su trabajo en las series ‘Hierro’ y ‘Rapa’, destaca con un personaje que transmite autoridad y credibilidad antes de pronunciar una sola línea de diálogo.
Torrents ha dado un salto apreciable en la dirección de actores respecto a la primera entrega. Los diálogos suenan más naturales y la entonación ha dejado atrás cierto tono que lastraba ‘El principio del fin’. El equipo contó con un militar en activo como asesor, y esa preparación se nota en la cohesión del escuadrón en pantalla.
El ritmo es considerablemente más rápido que el de la película anterior. El montaje de Luis de la Madrid, editor de ‘El espinazo del diablo’ y ‘Los sin nombre’, mantiene la tensión incluso en las escenas sin actividad física. La película se acerca más al registro bélico de ‘Guerreros’ que al terror clásico de ‘La noche de los muertos vivientes’, y aunque se echan en falta sobresaltos propios del género, el enfoque no sufre por ello.
La ambientación sigue la línea visual de la primera película, con tonos amarillos en lugar de grises. Los efectos especiales sostienen con solvencia la imagen de una España abandonada y la banda sonora incluye pasajes que evocan la música de la primera ‘Resident Evil’.
‘Apocalipsis Z: El principio del fin’ se estrenó el día antes de Halloween hace dos años y se convirtió en la película más vista de esa fecha. Esta segunda entrega ofrece una producción de alto nivel y corrige las debilidades interpretativas de aquella primera adaptación.



