Óscar Bernàcer salta del documental al thriller con ‘Enjambre’, una película ambientada en una comunidad autosostenible de la Comunidad Valenciana que se estrena el 4 de septiembre. Pablo Molinero y Cristina Fernández Pintado encabezan un reparto coral que incluye a Pablo Derqui, Gloria March y Jordi Aguilar.

La premisa tiene garra. Un grupo de personas vive de forma voluntaria y autónoma en una aldea aislada. Cada miembro cumple una función concreta. El equilibrio es frágil, casi ritual. Hasta que alguien mata un cordero y lo arroja al aljibe, contaminando el agua potable. La solución pasa por reclutar a Lluc, un ingeniero de caminos en horas bajas que acepta canalizar el agua del río hasta el pueblo. Lo que encuentra no es un paraíso. Es una trampa.
Bernàcer viene del documental y se nota. No es un defecto. La película respira interés antropológico por cada poro: retrata usos, costumbres, jerarquías internas, dinámicas de poder a pequeña escala. La banda sonora y la puesta en escena refuerzan esa voluntad de observar antes que juzgar. El problema es que, a veces, esa mirada se queda corta cuando la historia necesita más músculo narrativo.
Lo mejor de ‘Enjambre’ es cómo va espesando el ambiente. La atmósfera se cierra sobre el espectador de forma progresiva, casi física. No hay hospital, no hay policía, no hay cobertura. Solo personas con normas propias y un líder cuya autoridad nadie cuestiona en voz alta. La mentalidad de colmena funciona como metáfora y como mecanismo dramático. Pueblo pequeño, infierno grande.
Lo que lastra la película es lo que deja a medias. Hay cabos sueltos que piden resolución y no la obtienen. Personajes como Lluna, que resultan magnéticos en pantalla, quedan colgando sin el desarrollo que merecían. Y ciertos giros se ven venir con demasiada antelación, lo que le resta fuerza a un tercer acto que debería golpear más fuerte.
Las interpretaciones sostienen el conjunto. Pablo Molinero carga con el peso del relato como ese testigo externo que se enreda poco a poco en la tela de araña. Cristina Fernández Pintado aporta una presencia turbia y magnética. Pablo Derqui, Gloria March y Jordi Aguilar completan un elenco que hace creíble lo inverosímil.
Debajo de la trama principal late lo más interesante: la reflexión sobre el poder, la libertad individual y el papel protector del Estado frente a los abusos. En un mundo hiperconectado, Bernàcer propone volver al estrato más básico de la convivencia. Sin móvil, sin redes, sin respuestas fáciles. La utopía de echarse al monte acaba replicando los mismos vicios del sistema que pretende dejar atrás.
‘Enjambre’ tiene alma de documental con una capa de thriller superpuesta casi como excusa para existir. Eso la hace singular, pero también desigual. Cuando confía en su atmósfera y en lo que no dice, funciona. Cuando necesita cerrar tramas y apretar tuercas, se queda a medio camino. Una película que asfixia con talento pero que respira con demasiada prisa en el tramo final.



