‘Gummy’, el primer largometraje de ficción de Javi Prada, ha llegado al Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya con una premisa que da la vuelta al género: aquí la presa no es quien parece.

La película parte de un mecanismo sencillo y efectivo. Lo que empieza como una cacería con un objetivo aparentemente fácil se tuerce cuando la víctima revela algo mucho más oscuro de lo esperado. El depredador pasa a ser presa. Un intercambio de roles que convierte ‘Gummy’ en un juego de amenazas y supervivencia donde la pregunta central es directa: quién tiene realmente el control.
Javier Botet, un rostro que cualquier aficionado al fantástico reconoce al instante, forma parte del proyecto. Su presencia en una ópera prima de ficción como esta encaja con el tipo de cine que Sitges lleva años reivindicando: propuestas que buscan incomodar desde lo físico y lo narrativo a partes iguales.
Para Prada, ‘Gummy’ supone el salto al largometraje de ficción. Un debut que aterriza directamente en el escaparate más importante del fantástico en España, rodeado de nombres como Alejandro Amenábar —que recibe el Premio Méliès Career y presenta la copia restaurada de ‘Tesis’ por su trigésimo aniversario— o las hermanas Clàudia y Paula Serra con ’11’, un thriller de supervivencia ambientado en un refugio de los Pirineos.
Esta edición de Sitges 2026 ha dejado claro que el terror español no se limita a un solo registro. Junto a ‘Gummy’ han pasado por el festival ‘La mala madre’ de Alicia Albares, una historia de amnesia y claustrofobia que sus responsables enmarcan en el llamado spanish gothic, y ‘Victorian Psycho’, dirigida por Zachary Wigon y basada en la novela de Virginia Feito.
‘Gummy’ llega con lo justo para llamar la atención: una idea potente, un cineasta debutante y un actor que sabe moverse en la oscuridad como pocos. A veces no hace falta más.



