Jaime Lorente estrena este viernes 16 de octubre su primera película como director. ‘El mal hijo’ llega a los cines tras más de cinco años de desarrollo, cuatro guiones y un paso por la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián.

La película adapta la novela de Salvador S. Molina, con quien Lorente ha escrito el guion. La historia sigue a Rubén, un niño de once años cuyo padre drogadicto desaparece y que acaba viviendo con su abuela en un entorno rural. Lorente no quiso calcar el libro: «Está adaptada la primera parte, porque la novela es toda la infancia de Rubén, y yo quería que hubiera un salto temporal para ver las consecuencias a largo plazo de las ausencias del padre».
Lo que le enganchó de la novela fue doble. Por un lado, la adicción como motor de erosión familiar, no como periplo de enfermedad. Por otro, la relación entre Pascuala y Rubén. «Cómo gracias a la educación que le da su abuela, él consigue romper ese ciclo de violencia heredada», explica. La película está dedicada a sus abuelas, ya fallecidas. «Creo que en las abuelas del mundo reside el amor más puro. La entrega absoluta sin esperar nada a cambio».
‘El mal hijo’ también pone el foco en los cuidados y la precariedad laboral de un Rubén adulto. Lorente quería un retrato realista «sin que fuera emocionalmente pornográfico». Para él, Rubén representa «cómo teniendo todas las posibilidades de hacer las cosas mal, al final tiene una mirada empática hacia los demás». Mientras el padre «sigue haciendo las cosas mal».
El reparto lo tenía claro desde el principio. Miguel Ángel Puro, «uno de mis mejores amigos», para el padre. Susi Sánchez para la abuela, a la que apodan La murciana. Y Hugo Arbués, al que define como «un descubrimiento absoluto». Rodó en su Murcia natal durante seis semanas. «Quería tener un trozo de mi tierra ahí porque son mis raíces».
De la experiencia en el set habla con entusiasmo. «¡Me lo he pasado pipa rodando mi primera película y quiero seguir!», exclama. Pero matiza algo importante: dirigir y actuar a la vez, no. «Me he dado cuenta de que mi energía actuando y mi energía dirigiendo son súper diferentes y creo que son incompatibles». Una declaración que dice mucho de cómo entiende los dos oficios.
San Sebastián tiene un significado especial para Lorente. Su mujer es de allí, su hija nació allí. «Donostia es como mi segunda casa». Llevar ‘El mal hijo’ al certamen donostiarra era un sueño que venía de lejos.
Padre de dos hijos pequeños, reconoce que la paternidad lo ha transformado como profesional. «Ser padre te cambia todo y también te cambia la relación con la profesión, y te das cuenta de que tu trabajo no es lo más importante». Trabaja, dice, «desde un lugar más sensible y empático». Pese al éxito que le dieron ‘La casa de papel’ y ‘Élite’, sigue haciendo castings. Lo considera necesario. Aunque admite que ya está en una posición en la que puede elegir proyectos.
Lorente cita a Rodrigo Sorogoyen como referente dentro del cine español, un cine que considera «en un momento álgido». Y ya piensa en lo siguiente: un segundo guion que quiere dirigir, centrado en la salud mental. Los temas sociales son su territorio. ‘El mal hijo’ lo deja bastante claro.



