‘Los creyentes’: José Coronado eleva un thriller donde la amenaza no es el crimen

Netflix estrena ‘Los creyentes’, una película española dirigida por Roger Gual que convierte la desinformación y las teorías conspirativas en el motor de un thriller psicológico con José Coronado y Stéphanie Magnin al frente del reparto.

La premisa engancha desde el primer minuto. Ruth (Magnin) vuelve al pueblo donde creció tras la muerte de su madre en circunstancias extrañas. Lo que encuentra es un padre irreconocible: Martín (Coronado), aislado, devorado por ideas conspiranoicas y convencido de que hay una verdad que el mundo se empeña en tapar. La película no va de resolver un asesinato. Va de lo que pasa cuando ya no puedes fiarte de quien tienes enfrente.

Gual toma una decisión inteligente. Desplaza el foco del crimen hacia el deterioro de la confianza. En lugar de acumular giros o persecuciones, deja que la tensión crezca desde la incertidumbre. Cada gesto de Martín puede ser una señal de peligro o un grito de auxilio. Cada silencio alimenta la duda. El espectador, igual que Ruth, nunca sabe del todo si está mirando a un hombre peligroso o a alguien atrapado por su propia cabeza.

Coronado está enorme. Compone un personaje ambiguo que despierta compasión y recelo al mismo tiempo, y lo hace sin subrayar nada. La puesta en escena sostiene esa ambivalencia con pulso firme, resistiendo la tentación de dar respuestas fáciles cuando la historia pide justo lo contrario.

Donde la película flaquea es en el ritmo. Algunos pasajes pierden intensidad, como si la historia necesitara un empujón que tarda en llegar. Y el desenlace se precipita más de lo que el resto del metraje parecía pedir. Hay una construcción cuidada durante casi toda la película que en los últimos minutos se resiente.

Pero lo mejor de ‘Los creyentes’ no está en el misterio policial. Está en cómo las ideas conspiranoicas dejan de ser un rasgo de personaje para convertirse en el centro de una reflexión sobre el fanatismo y la facilidad con la que estos discursos envenenan la convivencia cotidiana. La desinformación no aparece aquí como telón de fondo. Es el arma que rompe una familia.

El verdadero conflicto nunca fue descubrir qué le pasó a la madre de Ruth. Fue observar cómo una convicción llevada al extremo puede volver irreconocible a la persona que más quieres. Ahí es donde ‘Los creyentes’ encuentra su identidad y donde Coronado justifica cada minuto de metraje. Un thriller que no necesita disparos para meter miedo.

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