‘Mientras el cuerpo aguante’, la película perdida de Fernando Trueba, llega a los cines

La segunda película de Fernando Trueba, un retrato documental del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio rodado hace más de cuarenta años, se estrena por fin en salas tras una restauración completa a partir del negativo original en 16 mm.

El rescate llega de la mano de Los Ilusos, la productora de Jonás Trueba, que ha convertido la recuperación de la película de su padre en un proyecto personal. Cuatro décadas en la sombra. Una cinta que casi nadie había visto y que ahora ocupa el lugar que le corresponde: una pantalla de cine.

‘Mientras el cuerpo aguante’ fue el segundo largometraje de Trueba, justo después de ‘Ópera prima’. Y el salto no pudo ser más radical. Donde aquella era una comedia dialogada y acotada, esta es un documental sin guion, sin planificación, rodado al calor de un personaje que devoraba todo lo que tenía delante. Chicho Sánchez Ferlosio, cantautor, hijo de un fundador de la Falange, antifascista que saltó del marxismo-leninismo al trotskismo y de ahí al anarquismo. Un tipo imposible de domesticar. Y Trueba ni lo intentó.

La película funciona como retrato y como carta de admiración. Trueba se coloca en posición de espectador. La cámara y el micrófono adoptan un papel pasivo, pendientes de cada ocurrencia de Chicho, siempre escoltado por su compañera Rosa Jiménez. El equipo de rodaje aparece en pantalla, pero no como un gesto de ego. Al contrario. El vendaval que genera Chicho les obliga a estar ahí, atentos, sin poder controlar nada.

La estructura es una sucesión de viñetas. Interpretaciones escenificadas de sus canciones, coplas al ritmo de la guitarra, y entre medias, secuencias improvisadas donde Chicho habla de lo que le da la gana. Un juego de mesa que compara con ‘El jardín de senderos que se bifurcan’ de Borges. Un intento de silabario completo de la lengua castellana que abandonó por culpa de una calculadora averiada. Sus decepciones políticas. Su musicalidad se extiende al habla natural, y eso es lo que la película captura mejor que cualquier otra cosa.

Trueba dedicó la cinta a Denis Diderot —por aquello de la «comedia didáctica» que reza el subtítulo— y a Jean Rouch, referencia clara del acercamiento documental que eligió. La decisión de dejar la película en manos de su protagonista fue un acierto. Chicho aparece sin artificios, generoso, abriendo las puertas de su casa y de su cabeza con una naturalidad que no se puede fabricar.

Esa construcción episódica, sin demasiada conexión entre las piezas, probablemente explica por qué la película se quedó guardada tanto tiempo. Le falta cohesión, sí. Pero la potencia de Chicho hace que eso importe menos de lo que debería. Hay momentos genuinamente memorables en esos noventa minutos de conversación unidireccional.

El cierre lo dice todo. Justo antes de un episodio musical en Madrid que funciona como epílogo, Trueba cita al antropólogo James George Frazer: «Del mismo modo que las sombras y los reflejos, con frecuencia se considera que los retratos contienen el alma de la persona retratada». Una frase dirigida a Chicho como agradecimiento por su hospitalidad y su autenticidad. La película, en el fondo, nunca fue de Trueba. Fue suya.

Más de cuarenta años después, ‘Mientras el cuerpo aguante’ llega a las salas como lo que es: el primer encuentro de Fernando Trueba con la música en el cine, el germen de una obsesión que ha recorrido toda su carrera. Y también la prueba de que algunas películas no envejecen. Solo esperan.

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