‘NAZA’, el documental dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, se ha alzado con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia. La película reúne los testimonios de 24 militares y oficiales del servicio de inteligencia israelí que detallan los sistemas de asesinato en masa empleados en Gaza, algunos basados en programas de vigilancia y ataque generados por inteligencia artificial.

Abraham y Szor viven en Jerusalén, pero sus familias son de Tel Aviv, la ciudad que filmaron de noche para construir el escenario de ‘NAZA’. Los dos se definen como activistas que, a través del periodismo y el cine, persiguen que se detengan lo que llaman «crímenes de estado» de Israel contra la población palestina. No es su primera vez en primera línea: ganaron el Oscar en 2025 con ‘No Other Land’, junto a los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal.
La entrevista que concedieron tras el impacto del filme en Venecia deja frases que pesan. Abraham lo formuló así: «Leo las reacciones a nuestra película y no solo no niegan los crímenes, las atrocidades que cuentan los oficiales, sino que los justifican, incluso los aplauden. Es repugnante». Y fue más allá al hablar de la vida cotidiana en Tel Aviv: «Cuando pones la radio por la mañana y escuchas una voz alegre que te da los buenos días, ese gesto se siente como violencia. La negación y la ignorancia continúan mientras los asesinatos sistemáticos, el genocidio, sigue a 60 kilómetros de distancia».
Szor, por su parte, señaló que lo que hace soportable el día a día es «una parte muy pequeña de la sociedad israelí, los activistas que nos rodean, que se oponen a lo que está ocurriendo». No se refería a la oposición al Gobierno de Netanyahu, sino a una comunidad con presencia real en Cisjordania que lucha contra lo que Israel está cometiendo.
El ejército israelí respondió a la película con un comunicado en el que niega el uso de programas de inteligencia artificial y reclama sus «esfuerzos sin precedentes para minimizar los daños a la población civil». ‘NAZA’ está producida por The Guardian, cuyo equipo de investigación ha certificado la veracidad de los testimonios y ha garantizado el derecho al anonimato de las fuentes.
Las referencias cinematográficas que recorren el filme no son casuales. Abraham reconoció la influencia directa de ‘Shoah’, la obra maestra de Claude Lanzmann sobre el Holocausto: «Es muy importante esa insistencia en el detalle, esos aspectos minúsculos a los que Lanzmann vuelve una y otra vez. Eso nos influyó mucho». También abordó la instrumentalización de la memoria: «La memoria del Holocausto no es una reliquia. Hay que traerla al presente. Es como la religión, se puede usar de muchas maneras, también como arma». Jonathan Glazer, director de ‘La zona de interés’, figura como productor ejecutivo y, según Abraham, su influencia fue importante en la estructura del montaje, incorporándose cuando ya existía un primer corte.
‘NAZA’ mantiene una frialdad deliberada durante casi toda su duración. Szor lo explicó con claridad: «La sensación de frialdad para representar la ciudad de Tel Aviv es porque es una ciudad que vive de espaldas a lo que ocurre». Solo en el minuto final la cámara entra en Gaza. Esa decisión, dijo, estaba pensada especialmente para los espectadores que más lo niegan: israelíes, alemanes y estadounidenses.
Es una película que no busca conmover con recursos retóricos. Busca que mires lo que hay delante. Y que después no puedas mirar hacia otro lado.


