‘Preciosa’: dos amigos sin nada que emocionan más que toda la NBA junta

La película francesa de Anthony Marciano, basada en hechos reales, llega a los cines el 24 de julio. Una historia de amistad y baloncesto callejero que termina siendo el reverso neorrealista de ‘Jerry Maguire’.

Jérémy trabaja en un videoclub. Bouna limpia suelos en el aeropuerto de París. Ninguno tiene dinero, contactos ni un nivel de inglés que supere el balbuceo, pero su plan es convertirse en agentes de la NBA. Así, sin red.

La premisa suena a delirio. Pero ocurrió de verdad, y eso le da a la película un combustible que ningún guionista podría fabricar desde cero.

Lo que hace Anthony Marciano —que también firma el guion— es quitarle el barniz al relato de superación clásico y dejarlo en lo esencial. Dos tipos que se quieren, que comparten una obsesión y que montan una empresa con más fe que recursos. Una especie de negocio amiguetil que habría enternecido al Frank Capra de ‘Vive como quieras’.

El acierto mayor está en lo que la película decide no ser. Aquí el triunfo económico importa poco. Los fastos de la NBA, sus drafts millonarios y sus alfombras rojas quedan lejos, casi difuminados.

Lo que emociona de verdad son dos pachanguitas en sendos parques públicos. Baloncesto en estado puro, sin producción ni cámaras. Es el reverso exacto de ‘Jerry Maguire’: mismo territorio —agentes deportivos, sueño americano, apuestas imposibles—, pero contado desde la banlieue parisina.

Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard sostienen la película sobre sus hombros. La química entre ambos es real, visible, casi táctil. Sin esa complicidad, ‘Preciosa’ sería otra comedia bienintencionada sobre perdedores simpáticos; con ella, la película respira.

El cariño que se profesan sus personajes es el verdadero motor de todo, y ambos actores lo transmiten con una naturalidad que no se finge. Les acompañan en el reparto Dave Campbell y David Clark.

Marciano se mueve con soltura cuando humaniza el capitalismo deshumanizado desde la amabilidad, en una línea cercana a lo que hacía Stéphane Brizé en ‘La ley del mercado’. La épica aquí no es la del contrato millonario. Es la del esfuerzo, la suerte y la negativa rotunda a tirar la toalla.

No por nada los Knicks de Nueva York tardaron 53 años en volver a ganar un título.

Hay momentos que se quedan grabados. La impagable profesora de inglés china, improvisada y ajena a cualquier guion previsible, es de esos hallazgos que justifican una película casi por sí solos.

Pero ‘Preciosa’ también arrastra un lastre: el tratamiento visual y narrativo resulta algo plano. La cámara cumple sin arriesgar, y cuando la historia tiene tanta energía interna, esa contención formal se nota. Pide más nervio del que recibe.

122 minutos de comedia dramática francesa que encuentran su verdad no en los despachos de la NBA, sino en la terquedad de dos tipos que no tenían nada salvo una amistad y una obsesión compartida. Para campeones del apretón de manos. En la vida, en los negocios y en el deporte.

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