El director Alfred Hitchcock intentó destruir las copias de cinco de sus películas más icónicas. Este hecho casi culmina en la pérdida definitiva de obras como "Vértigo", hasta que un contrato de distribución por 6 millones de dólares evitó su desaparición. Sin este acuerdo, los clásicos del director no habrían tenido la oportunidad de ser proyectados nuevamente, afectando profundamente su legado en la historia del cine.

Estas películas, conocidas como "Los Hitchcock perdidos", incluyen títulos destacados como "La ventana indiscreta" y "El hombre que sabía demasiado". Su situación se complicó tras la muerte del director en 1980, cuando su hija heredó los derechos de distribución sin tomar acciones para recuperarlas. Esto resultó en años de casi total invisibilidad para los filmes.

Durante más de dos décadas, estas películas permanecieron fuera de circulación. Su exhibición era limitada y el interés por revivirlas fue un desafío, ya que Hitchcock había dejado instrucciones claras para que las copias fueran destruidas. Esto generó una dinámica en la que las proyecciones se realizaban clandestinamente en cineclubes y festivales.

El punto de inflexión ocurrió en 1983, cuando Universal Pictures consiguió obtener los derechos de distribución tras tres años de negociación. El valor del acuerdo, bien documentado, permitió que estas películas volvieran a las pantallas. La influencia de Hitchcock fue tal que incluso el Festival de Berlín se vio impedido de proyectarlas en una retrospectiva, ya que el director se opuso a su exhibición.

"Vértigo", en particular, tuvo un camino difícil. La falta de copias disponibles había frustrado varios intentos de exhibición mucho antes de que Universal adquiriera los derechos. A pesar de las solicitudes del National Film Theatre en 1969 para mostrar la obra, la negativa de Hitchcock complicó aún más el acceso.

Finalmente, con la adquisición por parte de Universal, los filmes perdidos de Hitchcock no solo recuperaron su estatus en la comunidad cinematográfica, sino también su relevancia cultural. La reintroducción al mercado ayudó a nuevas generaciones a descubrir estas obras maestras, cambiando así su lugar en la historia del cine.

Hitchcock, con su visión única y provocativa, dejó un legado complicado. La decisión de intentar destruir sus propias obras refleja un aspecto intrigante de su relación con el arte. La discusión sobre sus motivaciones aún persiste, sin respuestas definitivas.

A medida que la industria busca reconectar con el legado de Hitchcock, el interés en sus trabajos perdidos sigue vigente. No obstante, el entorno de distribución cinematográfica continúa evolucionando, lo que plantea dudas sobre cómo se gestionarán y preservarán otros clásicos en el futuro.

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