‘Apuntes para una ficción consentida’: Ana Serret Ituarte convierte lo cotidiano en enigma

Ana Serret Ituarte viene de la no ficción. Y se nota. Su nuevo largometraje, ‘Apuntes para una ficción consentida’, no se comporta como una película convencional, sino como un cuaderno abierto donde cada anotación intenta atrapar algo que se escapa.

La estructura lo dice todo. La película se fragmenta en episodios introducidos por frases, apuntes que enmarcan lo que viene después. No hay una trama al uso. Hay una colección de momentos que alguien consideró importantes a la hora de escribirlos, vivencias convertidas en ideas que intentan hacer más real lo cotidiano. Suena abstracto. Lo es. Pero funciona cuando te entregas.

En el centro está Lea Grand, una actriz de origen suizo que lleva demasiados años en Madrid buscando un hueco en la industria del entretenimiento. La barrera idiomática está siempre ahí, superpuesta, como un ruido de fondo que nunca termina de resolverse. Serret Ituarte parece querer contar su historia. Pero el giro llega pronto.

Hay un momento en el que el personaje reconoce que, después de tanto tiempo viviendo en un mismo barrio, apenas conoce lo que le rodea. Ahí la película deja de mirar hacia dentro y apunta directamente al espectador. Ese vacío existencial que describe no es solo suyo. Es de cualquiera que haya invisibilizado su propio entorno a fuerza de rutina. Es la propuesta más atrevida de la película. También la más difícil de sostener.

Los encuentros con el día a día de la protagonista son cortos. No siempre resuelven nada. Van definiendo un vaivén entre vitalidad y duda que termina configurando un retrato más preciso de lo que parece. Se van sumando personajes de su entorno, pequeñas ventanas a vidas ajenas con un cierto elitismo no buscado pero evidente. Cotilleo elegante, podría llamarse.

Isabelle Stoffel carga con un doble esfuerzo que merece atención: interpretar a una actriz y, al mismo tiempo, actuar como esa actriz lo haría. Una actitud meta que convierte lo elaborado en algo que aspira a parecer natural. No es fácil. Pero soporta el peso de la propuesta.

Cuando la película se transforma en un diálogo con el barrio, maquillado como solución a las ideas rechazadas de la artista, el gesto autoral de Serret Ituarte queda al descubierto. No es el tramo más estimulante. Pero sí el más revelador sobre sus intenciones como cineasta, sobre esa voluntad documentalista de observar sin implicarse que nunca abandona del todo.

‘Apuntes para una ficción consentida’ exige un público dispuesto a entrar en sus reglas. No busca adaptarse a quien la mira. No hay espacio para lo universal. Y eso, dependiendo de cómo se mire, es su mayor virtud o su limitación más evidente.

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