‘Final feliz’: España escribe su obra maestra en el minuto 106

España ganó el Mundial 2026 con un gol de Ferran Torres en la prórroga frente a Argentina. La segunda estrella llegó con un guion que ningún director se habría atrevido a firmar por miedo a que pareciera inverosímil.

Dieciséis años esperando. Dieciséis años para que alguien escribiera el desenlace que faltaba. Y lo hizo un actor al que casi nadie había reservado el papel protagonista. Ferran Torres apareció en el minuto 106 para cerrar una final que España dominó de principio a fin pero que el guion se empeñó en alargar hasta que los nervios no daban más de sí. Un gol precedido por una asistencia de Nico Williams, que desde el banquillo revolucionó el partido, marcó un tanto anulado, rozó otro y terminó regalando el pase que decidió un Mundial.

La columna vertebral de la película la sostuvo Rodri. Balón de Oro del torneo. Todo pasó por sus botas: ordenó la presión, gobernó la posesión y redujo a Messi a una presencia casi decorativa. En su partido nadie movió un balón sin su permiso. Hay futbolistas que juegan finales y futbolistas que las dirigen. Rodri las dirige.

Arriba, en la defensa, el reparto no se quedó atrás. Unai Simón, Guante de Oro, leyó el partido antes que nadie. Salió con autoridad para cortar cada balón largo argentino y dejó la sensación de llegar siempre un segundo antes que los delanteros rivales. No necesitó una gran parada. Las mejores actuaciones son las que evitan que la acción llegue a producirse. A su lado, Pau Cubarsí firmó la escena que nadie olvidará: una salvada en la última acción del partido que evitó el empate argentino. Mejor jugador joven del Mundial. Con 19 años jugó como si llevara diez finales encima.

Pedro Porro puso el centro que inició la jugada del gol. Laporte dominó el juego aéreo hasta que el cuerpo le dijo basta. Cucurella mantuvo el equilibrio cuando el partido se calentó. Cada uno en su registro, todos imprescindibles.

En el centro del campo, Álex Baena aceptó cada duelo sin dar un paso atrás. Fabián Ruiz trabajó para el equipo aunque nunca encontró el protagonismo que acostumbra. Dani Olmo se coló entre líneas una y otra vez, generó ventajas, obligó a Argentina a vivir pendiente de él. Le faltó el golpe definitivo, pero su presencia abrió los espacios que otros aprovecharon.

Lamine Yamal no estaba al cien por cien. Sufrió faltas desde el primer minuto. Aun así nunca dejó de asumir responsabilidades, incluso con una falta directa que pudo cambiar el destino del partido. Hasta los superhéroes tienen noches en las que toca sufrir antes de ganar. Oyarzabal peleó aislado entre los centrales argentinos, descargando balones de espaldas. Un trabajo sucio que no sale en los titulares pero que sostiene la estructura.

Desde el banquillo, Pedri le dio imaginación al ataque y España creció con su presencia. Merino rozó el gol en el tramo de supervivencia. Eric García entró en un escenario de máxima presión y no cometió un solo error. Zubimendi sustituyó a Rodri en una final del mundo y cumplió con una serenidad que no se aprende.

Y luego está Luis de la Fuente. El director de toda esta obra. Construyó un grupo que creyó desde el primer día. Un equipo que ha ganado todo lo que se puede ganar. La Eurocopa. La Liga de Naciones. El Mundial. No hay más estantes donde poner trofeos.

Hay películas que se recuerdan por una escena. Esta se recordará por el gol de Ferran, por la salvada de Cubarsí, por el control absoluto de Rodri, por la locura que desató Nico Williams cada vez que tocó el balón. Pero sobre todo se recordará porque España no ganó un partido: cerró una historia que llevaba 16 años buscando su último acto. Y el final, por una vez, fue exactamente el que merecía.

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