Miss Lonelyhearts, la vecina olvidada de ‘La ventana indiscreta’ que merece un segundo vistazo

Hitchcock le dedicó apenas siete minutos en pantalla. Pero la chica solitaria que vive justo debajo del asesino en ‘La ventana indiscreta’ lleva décadas ocupando un rincón en la memoria de quienes vieron la película con los ojos bien abiertos.

Miss Lonelyhearts es ese personaje que no mueve la trama y sin embargo la sostiene. La mujer que prepara cenas con invitados imaginarios, la que bebe hasta quedarse dormida, la que se pasea por los bares del Greenwich Village buscando compañía. Jefferies (James Stewart) la observa desde su ventana como observa al resto del vecindario: con curiosidad y cierta distancia. Stella, la fisioterapeuta que interpreta Thelma Ritter, le pone palabras a lo que todos pensamos: «Algún día encontrará la felicidad».

Esa felicidad no llega. Lo que llega es un joven que acaba golpeándola dentro de su propia casa. Miss Lonelyhearts es una Blanche DuBois que todavía confía en la bondad de los extraños, una criatura de Tennessee Williams extraviada en una película de Hitchcock. Permanece ajena a lo que ocurre en el piso de arriba, en la casa de los horrores de Lars Thorwald (Raymond Burr). Vive en su propio zoo de cristal. Solo irrumpe en la trama central cuando descubre muerto al perro del matrimonio del tercero y la oímos gritar: «Está muerto, lo han estrangulado, tiene el cuello roto».

El escritor francés Sébastien Ortiz también se quedó enganchado a ella. En 2005 publicó Mademoiselle Coeur Solitaire, una novela que retoma escenas de la película pero contadas desde el punto de vista de Miss Lonelyhearts. El propio Ortiz lo explicó así: «Siempre ha ocupado en mi memoria un lugar singular y me ha llegado más que los demás personajes de la película. Su desesperada lucha por romper con la soledad me conmovió de manera especial, hasta el punto de que me hubiera gustado estar con ella mucho más de los siete minutos que Hitchcock la dedica. Este libro está destinado a reparar esta injusticia».

Detrás de ese rostro silencioso estaba Judith Evelyn (1913–1967). Su carrera en Broadway dio más alegrías que el cine. En 1941 estrenó junto a Vincent Price la obra Angel Street, de Patrick Hamilton, más conocida como Gaslight por sus adaptaciones cinematográficas. El gran golpe llegó en 1952 con The Shrike, de Joseph Kramm, donde interpretó a una manipuladora que encierra a su exmarido (José Ferrer) en un psiquiátrico. Cuando Ferrer llevó la obra al cine en 1955, eligió a June Allyson para el papel. El público no lo compró: «June nunca llevaría a su marido a un manicomio para abandonarlo, volvería a por él».

En 1954, el mismo año de ‘La ventana indiscreta’, Evelyn vivió otro momento notable sobre las tablas. Montgomery Clift volvía al teatro tras una década dedicada al cine para hacer La Gaviota de Chéjov. Judith fue contratada a última hora para sustituir a Stella Adler como madame Arkadina. Según la biografía de Patricia Bosworth sobre Clift, «Evelyn se sentía incómoda e insegura en los ensayos», aunque la escritora la describía como «una distinguida actriz vienesa». En realidad había nacido en Dakota del Sur.

En el cine, los papeles fueron más discretos. Secundaria en Sinuhé, el egipcio (1954), Gigante (1956) y Los hermanos Karamazov (1958). Su última película fue Escalofrío (1959), una serie B de William Castle otra vez junto a Vincent Price.

Siete minutos en una obra maestra. Una novela francesa escrita medio siglo después para hacerle justicia. Y una actriz con una vida escénica mucho más rica de lo que Hollywood le permitió mostrar. Miss Lonelyhearts sigue ahí, cenando sola en su apartamento del Greenwich Village, esperando a que alguien se fije en ella desde la ventana de enfrente.

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