‘Madrid, ext.’ llega a Filmin: la sinfonía urbana de Juan Cavestany tras cuatro años de rodaje

‘Madrid, ext.’, el documental experimental de Juan Cavestany, se estrena en Filmin. Una película que tardó cuatro años en tomar forma y que convierte las calles de la capital en partitura visual.

El proyecto nació como cara B de ‘Madrid, INT.’, aquel primer documental español rodado durante la cuarentena. Cuando el confinamiento terminó, Cavestany sintió la necesidad de salir a redescubrir la ciudad. «Me movía un anhelo por Madrid, de lo que recordamos como ‘bonito’, pero con la precaución de la nostalgia fácil», ha explicado el director. La pregunta que le empujó a grabar era concreta: ¿cómo sería combinar la ambición de un gran documental sinfónico con la bajada a tierra del testimonio encontrado casi al azar?

Lo que siguió fueron cientos de horas de metraje acumulado durante años, cámara en mano, vagando por Madrid. A su lado, dos cómplices fundamentales: Javier Bermejo AEC en la dirección de fotografía, colaborador de Cavestany desde ‘Esa sensación’ (2016), y Guille Galván, compositor y miembro de Vetusta Morla, encargado de la música. El resultado se mueve entre el documental y el experimento visual puro, con un montaje rítmico que busca evocar estructuras musicales.

Las referencias que manejaron delatan la ambición del proyecto. ‘Koyaanisqatsi’ de Godfrey Reggio, las sinfonías urbanas de los años 20 —Berlín por Walter Ruttmann, Niza por Jean Vigo—, ‘Souvenirs de Madrid’ de Jacques Duron y ‘La ciudad oculta’ de Víctor Moreno. No es poco equipaje. Pero ‘Madrid, ext.’ no se queda en el homenaje al género: también contiene una mirada crítica hacia la gentrificación y cómo está cambiando la arquitectura de las ciudades.

La elección técnica tuvo su propia lógica. Bermejo se decantó por la Panasonic GH5S, un sistema Micro 4/3 que ofrecía una caída de foco suave y un volumen tridimensional en los primeros planos. «Lo que más me preocupaba era el foco, por lo que en seguida descarté los sensores Full Frame y Super 35», ha explicado el director de fotografía. Las ópticas zoom G de Lumix T2.8 completaron el equipo: ligeras, pequeñas, pensadas para caber en una mochila. Se montaron dos packs idénticos para que Cavestany pudiera grabar también en solitario.

El método de trabajo fue tan libre como la propia película. «Un día me fui a grabar con él, porque no sabía muy bien qué es lo que le interesaba ni lo que quería hacer. Y, de repente, lo entendí», recuerda Bermejo. Se creó una especie de escaleta motivacional que guiaba las salidas a rodar sin encorsetarlas. Cavestany escribió que la película «tenía que ser algo que nace de la tierra y va saliendo hacia la superficie». Esa estructura se mantuvo: el filme arranca dentro de Madrid y poco a poco se abre hacia fuera.

En el montaje trabajaron Cristóbal Fernández y Raúl de Torres junto al propio Cavestany. El sonido corrió a cargo de Pelayo Gutiérrez y Valeria Arcieri. El proceso no fue lineal, sino por capas simultáneas, con Galván componiendo a partir de los brutos, reaccionando a lo que veía y escuchaba en el material.

La película cuenta con el apoyo del ICAA, el Ayuntamiento de Madrid y la Madrid Film Office, y accedió a la ayuda selectiva para proyectos de cine experimental. Un respaldo institucional que encaja con el perfil de Cavestany: un cineasta de tono underground, a veces autoproducido, que lleva años explorando lo absurdo y lo cotidiano desde el teatro alternativo, el cine independiente y la televisión de autor.

‘Madrid, ext.’ no es un documental turístico ni un escaparate. Es una ciudad convertida en composición musical, con sus habitantes como notas y la gentrificación como ruido de fondo. Cuatro años caminando Madrid para que ahora la película vuelva, como dice su propio equipo, «como ofrenda al lugar que la vio nacer».

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