‘La vida es Verdi’, el documental dirigido por Berta García Lacht, llegó a los cines el pasado 17 de julio para celebrar el centenario de los Cines Verdi de Barcelona. Coproducida por A Contracorriente Films junto a Isabel Coixet, la película había pasado previamente por el Festival de Málaga antes de aterrizar en las salas españolas.

Los Verdi abrieron en 1926 en el barrio de Gràcia. Son el cine en activo más antiguo de Barcelona. Cien años dando películas mientras todo cambiaba a su alrededor. Lo que hace Berta García Lacht es convertir ese aniversario en algo más que una celebración: el documental reivindica la experiencia colectiva de ver cine en una sala frente a los retos de la digitalización y el auge de las plataformas. No es solo un homenaje. Es una defensa en toda regla de la gran pantalla.
El relato se construye desde una perspectiva poco habitual. El hilo conductor son dos niñas, interpretadas por las debutantes Yanira Giménez y Séfora González, cuya mirada curiosa recorre la historia de la sala y la del propio cine. Es una decisión que le quita solemnidad al conjunto y abre la puerta al humor. El resultado se aleja del homenaje institucional y se acerca a algo más vivo, más libre, capaz de conectar con quien no conoce los Verdi y con quien lleva media vida yendo.
A través de entrevistas y material de archivo, el filme recoge las voces de quienes han dado vida a esta sala con su pasión. Isabel Coixet, que además de coproducir aparece ante la cámara, comparte protagonismo con Albert Serra, J.A. Bayona, Silvia Pérez Cruz y Richard Gere. No es un desfile de caras conocidas por acumular: cada presencia aporta una perspectiva distinta sobre lo que los Verdi han significado para el cine europeo e iberoamericano y para quienes lo disfrutan.
Porque eso es lo que distingue a esta sala. Su programación se ha orientado históricamente al cine europeo e iberoamericano, dando pantalla a títulos que en otros circuitos no habrían encontrado hueco. Eso les ha dado una identidad inconfundible y un público fiel que ha convertido los Verdi en algo más que un negocio: en un punto de encuentro para varias generaciones. ‘La vida es Verdi’ captura esa huella con precisión. Traza una crónica sentimental de un espacio que ha marcado la vida cultural de Gràcia y de toda Barcelona, desde su papel como difusor de cine hasta su condición de referente para un barrio entero.
La sala ha sido testigo de la transformación de la ciudad a lo largo de un siglo. Se ha consolidado como lugar de encuentro para quienes entienden el cine como algo más que consumo. El documental convierte esa historia en relato sin caer en la melancolía paralizante, con la frescura que le dan sus dos protagonistas más jóvenes.
‘La vida es Verdi’ ya se puede ver en salas españolas. Para quien lleve años viendo cómo cierran cines a su alrededor, esta película es la prueba de que resistir es posible. Y la mejor excusa para volver a sentarse en una butaca.



