La película de la realizadora neerlandesa Muriel d’Ansembourg llega a Filmin el 13 de agosto con una premisa que incomoda desde el primer minuto: un adolescente que graba las películas porno de su padre empieza a cuestionarse todo cuando una chica le obliga a mirar de otra manera.

Alec (Caolán O’Gorman) no consume pornografía. La fabrica. Trabaja como camarógrafo y editor para su padre Dylan (Andrew Howard), actor y productor del sector que rueda en su propia casa y llama «pajaritos» a las chicas que actúan para él. Un negocio familiar que empezó con la madre de Alec, ya fallecida. Ese fantasma flota sobre todo el relato.
Lo interesante es que Alec ha normalizado lo que ve hasta el punto de no registrarlo como sexual. Fuera de casa, en el pequeño pueblo al que se han mudado desde Londres, nadie sabe a qué se dedica su familia. Y él quiere que siga así. Pero un trabajo escolar sobre adicciones lo empareja con Nina (Safiya Benaddi), una chica directa y feminista que lo fuerza a replantearse su relación con el sexo. Ahí arranca el conflicto real.
La franqueza sexual de ‘Truly Naked’ se naturaliza rápido. Funciona como mecanismo narrativo, no como provocación. Lo que importa no es lo que se muestra, sino cómo se mira. Y ahí está la metáfora más potente del film: Alec filma enfocando las partes del cuerpo que «venden», según su padre. Cuando le toca vivir una situación íntima con Nina, su mirada hace lo mismo. No puede mirar a los ojos. Esa idea sola justifica la película.
La relación entre Alec y Nina se complica porque el chico solo conoce la brusquedad, no la ternura. La agresión, no la vulnerabilidad. Mientras esa relación crece, la que mantiene con su padre se resquebraja. Dylan es un veterano con ideas tradicionales sobre su oficio al que le cuesta aceptar que alguien —y menos su hijo— lo cuestione.
No todo funciona igual de bien. La subtrama de acoso escolar es previsible y sobra. El personaje de la madre de Nina parece más un manifiesto que una persona real. La estructura es episódica y abarca más frentes de los que puede gestionar con la misma solvencia. Pero hay hallazgos que compensan. El personaje de Lizzie (Alessa Savage, actriz porno en la vida real) aporta una mirada ambivalente sobre la industria que enriquece el relato desde dentro, sin juicios fáciles.
‘Truly Naked’ no demoniza ni glamuriza la pornografía. La observa a través de unos ojos adolescentes que empiezan a entender que filmar cuerpos no es lo mismo que conocerlos. Una película franca, directa y más sensible de lo que su premisa sugiere, que encuentra en el análisis de la mirada —sexual, cinematográfica, humana— su mejor argumento.



