‘A fuego’ convierte un búnker abandonado en un escenario donde el baile sustituye a las palabras. Estel Díaz dirige una película que habla de duelo, identidad adolescente y movimiento con una honestidad que se agradece.

La premisa arranca desde el dolor. Lola, interpretada por Zoe Bonafonte, pierde a su hermano Nico (Miquel Melero) y se adentra en un refugio clandestino donde un grupo de jóvenes muy distintos entre sí utilizan la danza como válvula de escape. El baile era lo que unía a los dos hermanos. Y es el baile lo que empuja a Lola a buscar respuestas que nadie le va a dar con frases.
Lo primero que llama la atención es lo bien que respira el elenco. Las interpretaciones son nerviosas, vivas, creíbles. No parecen actores haciendo de adolescentes, sino adolescentes que además saben moverse. Las coreografías mezclan danza clásica, hip-hop y contemporáneo con una naturalidad que no busca el espectáculo por el espectáculo, sino que cuenta cosas. Cada secuencia de baile tiene peso narrativo.
Los diálogos aciertan en un terreno donde muchas películas patinan. El lenguaje suena a Generación Z real, no a guionista imitando a Generación Z. Eso ancla la historia. La hace tangible. Y permite que temas gruesos como el suicidio o el abuso de sustancias entren sin sensacionalismo, tratados con un respeto que no rebaja su impacto emocional.
Hay más capas debajo. La culpa en entornos competitivos. La envidia disfrazada de admiración. Las mentiras que se cuentan entre amigos que se quieren. Y esa urgencia por parecer adultos cuando todavía no se tiene ni idea de qué significa eso. La película no idealiza a sus personajes; los deja equivocarse, y ahí gana credibilidad.
El vestuario merece mención aparte. Moderno, creativo, coherente con lo que visten los chavales hoy. La banda sonora funciona igual: sube cuando la película pide energía y se repliega cuando toca sentir. La fotografía de Beatriz Sastre acompaña sin imponerse.
¿Tiene grietas? Alguna. Los clichés del cine juvenil aparecen, inevitables como la lluvia en noviembre. Hay giros previsibles para quien lleve años tragando películas de este corte. Pero el problema no es que existan esos clichés, sino cuánto pesan. Y aquí pesan poco, porque la película tiene ritmo suficiente para que no lastren la hora y media de metraje.
‘A fuego’ es una producción de Atresmedia Cine, Sábado Time y A Contracorriente Films que funciona mejor cuando confía en sus cuerpos que en sus palabras. Que es, al fin y al cabo, exactamente de lo que habla.



