‘El nido’ llega a los cines españoles el 11 de octubre con Hugo Stuven al frente, un director que ya demostró en ‘Solo’ que sabe manejar el miedo desde los márgenes. Aquí vuelve a hacerlo, aunque el guion no siempre le acompaña.

Lo primero que llama la atención es la premisa. Marta, interpretada por Michelle Jenner, vive encerrada con su madre y su hijo pequeño, convencida de que el mundo exterior es una amenaza. Todo funciona como un mecanismo de relojería doméstica hasta que aparece Velasco, un hombre que despierta en ella algo que llevaba tiempo enterrado. No es una historia de monstruos ni de sustos fáciles. Es suspense psicológico con Polanski y Shyamalan como referentes declarados.
Y se nota. Stuven construye la casa como un organismo vivo. Los planos son inverosímiles, angulados, pensados para oprimir. La puesta en escena no decora: genera angustia. Lo que inquieta no está en el encuadre, sino justo al otro lado. Ese control del espacio y la atmósfera es, con diferencia, lo mejor de la película.
Michelle Jenner se entrega a tumba abierta. Pocas veces ha estado tan expuesta en pantalla, tan dispuesta a dejarse tragar por un personaje. Junto a ella, Luisa Gavasa y Pablo Derqui completan un reparto que incluye también a Dylan Radley y Morgan Symes.
El problema está en la escritura. El guion, firmado por Santiago Lallana, el propio Stuven y César de Nicolás, se empeña en retorcerse más de lo necesario. Los giros funcionan como impacto, pero no siempre aterrizan con la precisión que la dirección merece. El último tercio es donde más se notan las costuras, donde la arquitectura visual que Stuven ha levantado con tanto cuidado pierde apoyo narrativo.
Aun así, hay algo que ‘El nido’ consigue y que no es menor: tener personalidad. En un panorama donde el thriller español tiende a repetir fórmulas, Stuven demuestra que sabe hacer otra cosa. Sabe convertir los espacios en estados de ánimo. Sabe que el miedo más eficaz es el que se intuye, no el que se muestra.
No es una película redonda. Pero es una película de alguien que tiene mirada propia y 109 minutos para demostrarlo. Para quien prefiera la atmósfera a los sobresaltos, ahí tiene su cita el 11 de octubre.



