‘Búnker’: Zeller sorprende en Venecia con Bardem y Cruz en un drama irregular pero mordaz

Florian Zeller ha presentado ‘Búnker’ en el Festival de Venecia 2026. Una película protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz que funciona como una crítica feroz al turbocapitalismo y que, pese a sus costuras, logra sacudir a quien se siente en la butaca.

Hay que ser honesto desde el principio: el cine de Florian Zeller no me convence. Después de alzarse con el Óscar al mejor guion adaptado por ‘El padre’ y continuar con ‘El hijo’, el director francés nacido en 1979 ha exhibido una tendencia casi pornográfica a la hora de explotar traumas familiares. Ir a ver ‘Búnker’ era, en cierto modo, ir a confirmar un prejuicio. Y lo que ocurrió fue exactamente lo contrario.

La película arranca presentando a una adinerada familia española instalada en el lujo más absoluto de Londres. Él es un arquitecto brillante y multipremiado. Ella trabaja en el mundo editorial. Juntos crían a su hija en una burbuja de perfección social y económica que empieza a agrietarse por dos frentes: las obras de un vecino que decide perforar la pared del sótano para abrir una ventana, y el encargo millonario que recibe el protagonista de un magnate tecnológico para construir un búnker de ultralujo en Hawái.

Con esos dos detonantes, Zeller estira las tensiones latentes del matrimonio. Inseguridades no resueltas, celos enterrados, la sensación de que todo lo que parece sólido ya estaba podrido por dentro. Lo más demoledor no está en la trama doméstica, sino en la lectura de fondo: multimillonarios plenamente conscientes de que el planeta colapsa en buena parte por su culpa, que prefieren gastarse fortunas en refugios blindados antes que invertir un solo dólar en arreglar algo.

La secuencia de apertura es lo mejor de la película. Un diálogo tenso entre la pareja mientras rememoran ante otros cómo se conocieron, con la discusión escalando de forma casi imperceptible. Viendo esa escena resulta inevitable pensar en Rodrigo Sorogoyen y en lo que él habría hecho con ese material. Donde el director madrileño habría rozado la maestría, Zeller se muestra más ajustado, más convencional. Pero funciona.

Lo que sostiene todo son Bardem y Cruz. Punto. Los dos demuestran por qué llevan décadas en la cima del cine internacional. No es solo talento: es una presencia física, una capacidad para transmitir lo que el guion no dice, que convierte escenas correctas en momentos que se te quedan pegados.

Es cierto que la película pierde fuelle a medida que avanza. La puesta en escena termina reincidiendo sobre las mismas ideas sin encontrar la manera de resolverlas con lucidez. Zeller despliega un armazón dramático ambicioso, pero no siempre sabe cerrarlo. La sensación de repetición aparece demasiado pronto, y hay tramos donde la obviedad pesa más que la intención.

Y sin embargo, la película se reserva un plano final que lo redime casi todo. Un cierre absolutamente coherente con el discurso previo, de esos que le dan sentido retroactivo a lo que hasta ese momento parecía circular. Es el tipo de imagen que te hace recolocar la película entera en la cabeza mientras salen los créditos.

‘Búnker’ es una obra profundamente irregular. Eso no se puede negar. Pero para los estándares habituales de Florian Zeller, estamos ante algo distinto: una película que mira hacia fuera en lugar de regodearse hacia dentro, que tiene algo que decir sobre el mundo y no solo sobre el sufrimiento de sus personajes. Que un cineasta cuyo estilo te produce rechazo te obligue a replantearte tu posición es, probablemente, lo mejor que te puede pasar en un festival.

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