El documental dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor sobre los sistemas militares israelíes para bombardear Gaza ha provocado un terremoto político en Israel, donde el ministro de Cultura ya ha iniciado los trámites para revocar la nacionalidad de ambos cineastas.

‘NAZA’ se estrenó y fue premiada el pasado sábado en el Festival de Venecia. El público respondió con una ovación de 25 minutos. En Israel, donde todavía no se ha podido ver la película, la respuesta fue de otro tipo. El primer ministro Benjamín Netanyahu, varios ministros y miembros del Ejército salieron a condenarla antes siquiera de que cruzara sus fronteras.
El título del documental no es casual. NAZA es el acrónimo que utiliza la inteligencia israelí para calcular cuántos civiles morirán en cada ataque. Lo que otros llaman «daños colaterales», aquí tiene nombre y sistema. La película recoge el testimonio anónimo de 24 agentes de inteligencia y soldados israelíes implicados en la ofensiva sobre Gaza. Uno de ellos lo resume así: «Algunos bombardeos mataron a 20, 30 o incluso a 300 personas». Otro detalla que se llegó a aprobar un ataque con una previsión de 500 víctimas mortales.
El ministro de Cultura y Deportes, Miki Zohar, fue el primero en mover ficha. El domingo anunció que trabajaría para revocar la ciudadanía de Abraham y Szor, a quienes acusó de «odiarse a sí mismos» y de «dañar a Israel» para «recibir aplausos de antisemitas en todo el mundo». Este lunes se puso en contacto con el Ministerio del Interior para iniciar el proceso. Su comunicado los acusa de «colaborar con el enemigo en tiempos de guerra». Netanyahu lo ha respaldado con una frase directa: «Estamos luchando contra la incitación al antisemitismo en todo el mundo, pero cuando viene de dentro de nosotros mismos, es intolerable».
No es la primera vez que Abraham y Szor se enfrentan a esto. Ambos ganaron el Oscar en 2025 por ‘No Other Land’, codirigida con el abogado Basel Adra y el fotógrafo Hamdan Ballalque, ambos palestinos, sobre el desplazamiento forzoso en Cisjordania. También entonces fueron señalados en su país. La diferencia es que ahora el Gobierno más a la derecha en la historia de Israel tiene sobre la mesa una herramienta legal: la revocación de ciudadanía, un proceso que requiere la implicación del ministro de Justicia, también compañero de partido de Netanyahu en el Likud.
La reacción política ha sido casi unánime. El ultraderechista Itamar Ben Gvir los ha llamado «una vergüenza y una deshonra» y ha sugerido que «sus amigos de Hamás los recibirán con los brazos abiertos». Benny Gantz, desde la oposición, ha negado lo que muestra el documental: «Ningún ejército del mundo ha luchado en un entorno urbano manteniendo la pureza de las armas como lo hace el israelí». Antiguos ministros de Defensa y ex primeros ministros han vinculado la película con una campaña de difamación.
El Consejo de Cine de Israel ha asegurado que ‘NAZA’ «cruza una línea roja» y revisará los criterios de apoyo estatal a proyectos cinematográficos. Hay un detalle que convierte esa amenaza en un gesto vacío: el documental se elaboró sin un solo euro público israelí. Lo produjo el diario británico The Guardian.
Abraham y Szor han respondido con una frase que resume el cortocircuito del debate: «No solo no niegan los crímenes y las atrocidades, sino que las justifican y aplauden». La ofensiva sobre Gaza ha causado más de 73.700 víctimas mortales desde octubre de 2023, la gran mayoría civiles.
Lo que rodea a ‘NAZA’ ya ha desbordado lo cinematográfico. Un documental que un país entero condena sin haberlo visto dice más sobre ese país que sobre la propia película.



