‘Tanit’: Pep Garrido debuta en solitario con una fábula sobre el duelo vista desde los ojos de una niña

En su primera película como director en solitario, Pep Garrido utiliza los cuentos de brujas como puerta de entrada a algo mucho más hondo: el duelo, la identidad y esa realidad que los adultos intentan maquillar con historias para niños.

‘Tanit’ pone la mirada donde casi nadie se atreve. En los ojos de una niña que observa, pregunta y entiende más de lo que los mayores querrían. La pequeña que da nombre al film formula con voz tierna cuestiones que los adultos llevamos décadas esquivando. Ahí está el primer acierto de Garrido: no subestimar a su protagonista.

La historia avanza entre días de colegio, paseos con su perro por la montaña y un mundo que se va revelando demasiado real. Tanit construye su idea de lo que es una bruja a partir de lo que le cuentan sus profesores, de la fantasía de sus compañeros de clase y de las obras de teatro en las que participa su tía. Esa imagen se desmorona cuando conoce a una anciana llamada Perona, que vive sola en el bosque. Lo que nace entre ellas es puro: curiosidad y respeto. Dos cosas que escasean.

Garrido no se revuelca en la tristeza. El drama está ahí, es constante, pero no busca el golpe fácil. Los acontecimientos dolorosos sirven para alimentar la capacidad de Tanit de absorber el mundo como una esponja. Una niña que se plantea, a una edad en la que otros solo juegan, qué implica la vida y la muerte, o cuál es la diferencia entre un secreto y una mentira.

La película tampoco cae en el error de convertir a la infancia en territorio exclusivo. Los adultos tienen voz. Opinan, aleccionan, vuelcan sus conocimientos y, de paso, sus miedos sobre la pequeña. Pero Garrido también nos deja verla sola. Cómo se desenvuelve, cómo aprende a ser un ser social sin perder aquello que la hace distinta.

Hay una decisión de cámara que lo dice casi todo. La distancia con el rostro de Tanit es mínima, casi intrusiva. Sus ojos escrutan a unos adultos que no terminan de encontrar su lugar pero que no pueden dejar de quererla. El registro cambia cuando aparece «l’àvia Perona». Ahí la cámara respira, encuentra espacio para las dos, y desde esa distancia estudiada ambas crean un vínculo donde cada una necesita a la otra para reconocerse. Es en esos encuentros donde la película alcanza su mejor versión.

Lo que hace Garrido con los cuentos de brujas es desmontarlos. La bruja feroz de la infancia no es más que un disfraz para ocultar lo que nos da miedo de verdad. Un recurso que los adultos perpetúan porque les resulta más fácil que enfrentar la conversación difícil. ‘Tanit’ le da la vuelta a esa lógica y deja que sea una niña quien mire de frente lo que otros tapan con fábulas.

‘Tanit’ es una película silenciosa. Por momentos, difícil. Pero hay en ella un amor que traspasa la pantalla y que permite, junto a su protagonista, dar el salto a otro plano de aceptación de una realidad que no siempre juega limpio. Pep Garrido firma un debut que no grita, pero que se queda dentro.

Cine y series, en tu WhatsAppEstrenos y noticias en el canal de Butaca Online. Gratis y nadie ve tu número.
Unirme al canal