‘Los miserables’: tan fiel a Victor Hugo que no se atreve a ser otra cosa

Fred Cavayé lleva a la gran pantalla la novela de Victor Hugo con una adaptación rigurosa, bien interpretada y correcta como drama histórico. También previsible. Su mayor virtud es, al mismo tiempo, lo que le impide volar.

De una hogaza de pan robada a una barricada en las calles de París. Lo que hay en medio son décadas, destinos cruzados y una historia que el cine ha contado tantas veces que el reto ya no es adaptarla bien, sino encontrar una razón nueva para hacerlo. Cavayé opta por la vía más segura: la fidelidad absoluta al texto de Hugo. Y funciona. Pero no sorprende.

La película sigue la estela de otras producciones francesas recientes como ‘Los tres mosqueteros’ (2023) y ‘El conde de Montecristo’ (2024), empeñadas en recuperar para Francia lo que Hollywood lleva décadas explotando. Reapropiarse de Dumas, de Maquet, de Hugo. Un proyecto de pureza francesa en reparto y equipo que tiene sentido como declaración de intenciones, aunque el resultado se parezca más a un acto de reverencia que a una relectura.

Lo mejor está en el elenco. Vincent Lindon compone un Jean Valjean notable, un hombre que carga con su pasado y busca expiar sus pecados con la contención justa. Tahar Rahim le planta cara como un Javert rígido, dogmático, esclavo de una idea de justicia que no admite matices. Los dos funcionan como engranajes opuestos de un mismo mecanismo. Camille Cottin y Benjamin Lavernhe dan vida a unos Thénardier despreciables con buen pulso, y Noémie Merlant aporta delicadeza a una Fantine condenada por la hipocresía de su tiempo.

El problema no es lo que la película hace, sino lo que decide no hacer. ‘Los miserables’ de Cavayé no busca nuevas fórmulas para contarse a sí misma. No cuestiona, no reencuadra, no arriesga. Se apoya en que el material original ya es bueno y sólido, y eso basta para sostener el conjunto. Pero también lo limita. La segunda mitad se siente plomiza, como si la propia película notara que le falta un impulso propio más allá de la devoción por el texto.

Hay algo que ‘Los miserables’ recuerda con acierto: esta historia perdura porque nunca deja de hablar del presente. La madre soltera que abandona a su hija para sobrevivir. Los posaderos que explotan a quien no puede defenderse. Una generación joven que se levanta contra la injusticia. Todo eso sigue ahí, intacto, y Cavayé lo traslada con limpieza. El problema es que trasladar no es lo mismo que reimaginar.

Esta es una adaptación que convencerá a los puristas de Hugo y a quienes disfrutan con dramas de época bien construidos. Para el resto, queda la sensación de haber visto algo correcto, artesanal, bien hecho. Y también la pregunta de si eso es suficiente cuando la historia ya se la sabe todo el mundo. La fidelidad a Victor Hugo es aquí virtud y techo. No hay traición, pero tampoco hay descubrimiento.

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