‘El mal padre’: Roberto Bueso firma una de las grandes películas del año

Roberto Bueso presenta en San Sebastián una comedia negra sobre padres rotos, hijos heridos y una demencia que obliga a todos a mirarse a la cara. ‘El mal padre’ es inmensa, divertida, algo antipática y absolutamente certera.

El título funciona como pregunta, no como afirmación. ¿Qué convierte a un padre en un mal padre? Santiago Balmes, interpretado por Eduard Fernández, es un prestigioso académico y escritor. Un tipo que tiene de inteligente lo mismo que de desapegado. Lleva años sin hablarse con los hijos de su primer matrimonio, pero el reencuentro llega por donde nadie lo esperaba: una demencia que le convertirá en alguien que no está dispuesto a ser.

Con esa premisa, los tres hijos vuelven a la casa donde crecieron. El lugar donde el daño se quedó pegado a las paredes. Un profesor de filosofía que evita la confrontación y nunca dice lo que siente. Un actor sin éxito que sigue anhelando la atención de su padre aunque sea a costa de humillarse. Una mujer de negocios llena de rabia porque su padre engañó a su madre. Tres formas distintas de cargar con la misma herida.

Adam Jezierski, Francesco Carril y Meritxell Calvo dan vida a esos tres hermanos. Están enormes. Pero es que las circunstancias lo exigen, porque las circunstancias son Eduard Fernández. Su Santiago Balmes es un personaje gigantesco, divertido y algo detestable. Un padre que quiere, a su manera, hacer las paces con sus hijos. Fernández se come la pantalla con cada gesto, cada silencio y cada salida de tono.

Bueso y su coguionista Oscar Díaz Cruz han escrito un guion que parece salido de otra dimensión. Hay un filósofo componiendo reguetón. Un hombre que guarda un garrote vil en su despacho. Un padre que se coloca fumando crack. Todo suena a delirio, pero funciona con una precisión que desarma. Es humor negro del que sabe a gloria: el que nace del dolor real y no tiene miedo a reírse de él.

Los tres hermanos cargan además con la sombra de una hermanastra. La hija perfecta. La que recibió de su padre lo que a ellos les fue negado: tiempo, atención y cariño. Ese contraste duele más que cualquier discusión, porque no necesita palabras. Solo la certeza de que tu padre eligió a otra familia.

Lo que hace especial a ‘El mal padre’ es su equilibrio. Es elegante pero gamberra. Agradable pero antipática. Una película para reír pese al nubarrón de muerte que flota sobre cada escena, y para llorar con el alba del reencuentro. Encontrar ese punto medio es casi imposible. Bueso lo ha encontrado sin grandilocuencias ni pretensiones, que es todavía más difícil.

La película habla de aceptación y reconciliación, pero no lo hace con el sermón fácil ni con el abrazo redentor de manual. Lo hace desde un lugar incómodo, con personajes que no caen bien del todo y situaciones que provocan una risa que se te queda atravesada. Eso es mucho más honesto que el drama convencional. Y mucho más difícil de ejecutar.

‘El mal padre’ se suma a la constelación reciente de historias sobre padres que intentan ser mejores, en la línea de ‘Valor sentimental’ (2025) y ‘El ser querido’ (2026). Pero tiene algo propio: una mala leche que no pide perdón y un corazón que late debajo de cada barbaridad. Con todas las letras, una de las mejores películas españolas del año.

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