La película de Ayana Nurdinova se ha presentado en la sección New Directors del Festival de San Sebastián 2026. ‘Mugalim’ cuenta la historia de Zhandos, un músico que da clases a niños en una pequeña aldea rural y que no consigue dejar de mirar hacia otro lado.

Hay películas que eligen gritar y películas que eligen observar. ‘Mugalim’ pertenece al segundo grupo. Su protagonista, Zhandos, vive en Balkshash, una aldea donde la calma lo envuelve todo, pero él solo tiene ojos para lo que no tiene: dedicarse al arte en lugar de enseñarlo.
La película se construye desde una paradoja. Todo lo que Zhandos no es capaz de apreciar —la quietud, la frescura, la luz que recorre las calles de su pueblo— es exactamente lo que la cámara decide capturar. Lo hermoso está ahí. Él no lo ve. Nosotros sí.
El conflicto es viejo pero está contado con una sencillez que desarma. Campo o ciudad. Tranquilidad o estrés. Crear o transmitir. Cada opción implica una renuncia, y ‘Mugalim’ no fuerza ninguna respuesta. Deja que las imágenes hablen por lo cotidiano: la forma en que se enseña música en un aula, la necesidad de cuidar a los demás, el peso de las raíces.
Lo que plantea Nurdinova no es menor. La película pregunta algo directo: ¿cuál es tu sitio? Y en lugar de responder con discursos, responde con contemplación. Con lo mundano elevado a algo trascendente. Con la idea de que quizá la paz no está en los ideales sino en lo que ya tenemos delante.
‘Mugalim’ ha encontrado en la sección New Directors de San Sebastián el escaparate justo. Una ópera de cámara sobre un hombre que busca fuera lo que tiene dentro. Cine que no necesita levantar la voz para decir algo importante.



