La última película de Nicole García llegó a la Sección Oficial de San Sebastián 2026 con Marion Cotillard al frente y se marchó sin dejar apenas rastro. ‘7h40 ce matin-là’ es cine correcto, aplicado y completamente olvidable.

El problema no está en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. O mejor dicho: en cómo no lo cuenta. García entrega una puesta en escena neutra, ilustrativa, que se limita a seguir el guion sin añadir nada. Sin mirada. Sin pulso. Marion Cotillard hace lo que puede —y puede mucho—, pero aquí su talento trabaja en el vacío.
Cotillard interpreta a Alice, una mujer que llega a una tranquila ciudad de provincias y se emplea como camarera en una cafetería modesta. Su objetivo real es otro: acercarse a Milo, un joven mecánico metido en negocios turbios al amparo de la alta burguesía local. Entre ambos hay un vínculo del pasado, un secreto que el guion convierte en su eje central.
El trasfondo tiene potencial. Asoma el eco de una revuelta violenta alentada por intelectuales académicos, unos ideales que acabaron mal y las heridas que dejaron en quienes los vivieron. Material de peso. Pero García lo relega a mero telón de fondo y prefiere quedarse en la superficie del melodrama. La reverberación de aquel pasado sobre el presente se resuelve con giros argumentales convencionales, sin profundidad histórica ni emocional real.
Es un patrón que se repite en la filmografía de la directora francesa. La película vale lo que vale su argumento, y el argumento aquí no da para mucho más que una sucesión de revelaciones previsibles. No hay estilo que sostenga lo que la trama no alcanza. No hay riesgo visual ni narrativo.
Lo más frustrante es que todos los ingredientes están sobre la mesa. Una actriz de la talla de Cotillard. Un conflicto entre pasado político y presente personal. Una ciudad de provincias como escenario de secretos enterrados. Con todo eso se podría haber construido algo con nervio. Lo que queda, en cambio, es una película aséptica que cumple sin molestar y se evapora en cuanto salen los créditos.
San Sebastián programa cada año títulos que dividen y títulos que pasan de largo. ‘7h40 ce matin-là’ pertenece a la segunda categoría. Ni ofende ni conmueve. Simplemente está ahí, ocupando un hueco en la Sección Oficial que otra película habría aprovechado mejor.



