Javier Botet se convierte en Drácula en la nueva película estrenada en Sitges

El festival de Sitges ha acogido en su segunda jornada el estreno de ‘La muerte de Drácula’, una película en blanco y negro del colectivo Burnin’ Percebes en la que Javier Botet da vida al vampiro más célebre del cine.

El dúo formado por Fernando Martínez y Juan González firma una propuesta que ellos mismos definen como «más pequeña» y «artsy» que su anterior trabajo, ‘El fantástico caso del Golem’. El planteamiento es claro: tomar todas las referencias que existen del personaje —de Francis Ford Coppola a Jim Jarmusch— y abordarlo desde un lugar distinto.

Ese lugar es el final. ‘La muerte de Drácula’ narra los últimos momentos del personaje y su reencuentro con Mina. «Nos rondaba en la cabeza desde hacía tiempo esta idea», ha contado Martínez. «Queríamos hacer una fábula sobre cómo acabar con mitos anticuados para dar paso a mitos nuevos». Una declaración de intenciones que deja poco margen a la ambigüedad.

Junto a Botet aparece Laura Weismahr, a la que los directores han descrito como «admirada» y que interpreta a Nina, una chica que vende su sangre para sacarse un dinero. El blanco y negro envuelve todo el metraje, una decisión estética que encaja con el tono de fábula que buscan sus responsables.

Lo más revelador de la rueda de prensa en Sitges fue la confesión del propio Botet. El actor reconoció que no pudo «evitar» sentirse «identificado» con su Drácula: «De golpe me sentí mucho como el papel, alguien que ya está viejo y obsoleto». Una frase que dice mucho de cómo se ha metido en el personaje y del tipo de vampiro que propone la película. No es el depredador seductor ni la bestia. Es alguien que se sabe fuera de tiempo.

González ha recordado entre risas que aquella conexión emocional tuvo consecuencias prácticas: «La verdad es que tuvimos la primera lectura de guión más triste de la historia». Acto seguido quiso recordar a Botet su «jovialidad» y la «felicidad» de volver a trabajar con él.

Botet, al que el público del fantástico conoce bien desde ‘Rec’, lleva años siendo uno de los actores españoles más asociados al género. Que se ponga en la piel de Drácula tiene algo de inevitable y algo de justicia poética. Que lo haga en una película que habla de mitos que mueren para dejar sitio a otros añade una capa que no se puede ignorar.

‘La muerte de Drácula’ ha encontrado en Sitges el escaparate perfecto. Un festival que lleva décadas celebrando exactamente este tipo de cine: el que toma un icono, lo desnuda y lo mira desde un ángulo que nadie había probado.

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