Óscar Martín ha presentado en la Sección Oficial de la 59 edición del Festival de Sitges su segundo largometraje, ‘Upiro’, un cuento gótico ambientado en la España de 1755 que reconstruye el primer caso de vampirismo documentado por la Iglesia católica en la península ibérica.

El origen del proyecto nace de una obsesión personal. «Me encantan los vampiros. Siempre me han fascinado los chupasangres. Siempre he buscado el origen del vampiro», ha explicado Martín. Esa búsqueda le llevó hasta el Tratado de Ángeles y Upiros del francés Padre Calmet, una recopilación de casos de vampirismo en distintos países que compartían síntomas similares. Y de ahí, a una pregunta concreta: cuál fue el primer caso en la península ibérica.
La respuesta estaba en el Padre Rubis, al que da vida Diego Anido. Un franciscano de origen catalán, «una especie de alquimista que intentaba curar enfermedades de la sangre en los conventos con métodos poco convencionales» y que acabó acusado por un tribunal eclesiástico como upiro. A partir de ese caso real, Martín construye un debate entre fe y razón que se aleja deliberadamente del vampiro romántico. Le acompañan en el reparto Pauline Brisy, Victoria Cerrada, Javier Botet, María Galiana, Enrique Martínez y Juanjo Puigcorbé.
La referencia visual es tan potente como el punto de partida narrativo. Martín llevó a los coproductores belgas al Museo del Prado a ver las Pinturas negras de Goya. La reacción fue inmediata. «Karim Ouelhaj, el productor, me dijo: «Óscar, esto es ‘Upiro'»». Los claroscuros, lo grotesco, la superstición, el fracaso de la razón. Todo eso que Goya volcó en aquellas paredes cuando la Ilustración chocó contra la realidad española. «Goya era muy afrancesado cuando llegó la Ilustración. Propuso este tipo de pinturas como diciendo: «Pues mira, si es que no hay solución para el humano»», ha señalado el director.
Esa inspiración pictórica se traduce en decisiones concretas de producción. Alberto Morago, director de fotografía, ha trabajado con iluminación natural y realista para conseguir un acabado que evoque la pintura. El vestuario parte de una iconografía religiosa reconocible, pero con variaciones que buscan sorprender. Todo al servicio de una atmósfera que no se puede permitir ni una grieta.
El guion lleva la firma de Elena Muñoz, productora del filme y compañera de vida de Martín desde hace 30 años, que partió de una idea original del director y realizó un trabajo de investigación que debía reflejarse en cada detalle: diálogos, vestuario, dirección de arte. Un proceso que Martín define como «minucioso». Los efectos visuales han corrido a cargo de DDT, estudio con dos premios Oscar en su haber. Pero lo que más ha llamado la atención en los festivales estadounidenses han sido los animatrónicos. «Poder rodar e interactuar con ellos era algo fascinante. Es un proceso artesanal que a mí me encanta, muy superior a cualquier cosa que se pueda hacer a nivel de VFX y mucho menos con inteligencia artificial», ha reivindicado el realizador.
‘Upiro’ llega en un momento en el que el cine español de género ya no necesita pedir permiso. Pero lo que plantea Martín no es solo una película de vampiros. Es una película sobre lo que ocurre cuando la razón se enfrenta a lo inexplicable y pierde. Goya ya lo pintó. Ahora alguien lo ha filmado.



