Olivia Wilde reinventa las relaciones de pareja en ‘La invitación’, su remake de ‘Sentimental’

Olivia Wilde no fue la primera opción para dirigir ‘La invitación’, la adaptación estadounidense de ‘Sentimental’ de Cesc Gay. Aceptó, cambió casi todo el guion y el resultado ha salido de Sundance con ovaciones y rumbo directo a la carrera por el Oscar.

La película cuenta en su reparto con Seth Rogen, Penélope Cruz, Edward Norton y la propia Wilde. El guion original lo firmaban Rashida Jones y Will McCormack, pero lo que llegó a pantalla se parece poco a aquella primera versión. Wilde lo explica sin rodeos: el texto mutó durante los ensayos, durante el rodaje y después de él, gracias a lo que cada actor fue aportando.

Antes de leer una sola línea del guion, Wilde vio la película de Cesc Gay. Quería entender por qué esa historia funcionaba en tantas culturas. «Me retorcí de la risa, pensando que era una propuesta muy simple y que era muy fértil para ser adaptada. Entendí de inmediato por qué tanta gente había hecho una versión en su propio lenguaje», reconoce la directora.

Su modelo de trabajo tenía referencias claras. Quería seguir el camino de Sidney Lumet en ‘Doce hombres sin piedad’ y la manera de rodar de Mike Nichols. Ensayar, debatir, filmar en orden cronológico, dejar espacio a la improvisación. Que la película respirase sola. No es un discurso vacío: el guion cambió tantas veces que la versión final tiene poco que ver con la que leyó al principio.

El gran hallazgo del proceso llegó de la mano de Esther Perel, la terapeuta de parejas a la que Wilde incorporó como asesora. Su idea central atraviesa toda la película: una relación puede incluir otras, y quizá cada relación está destinada a terminar en un momento dado, pero puedes empezar una nueva con la misma persona. «Ese concepto de reinvención me sacudió todos mis principios», admite Wilde. «Hizo que me volviese menos cínica sobre las relaciones largas y el matrimonio, porque me encanta el concepto de que hay que tener libertad para reinventar y evolucionar.»

Hay un gesto revelador en el montaje. Wilde añadió una cita de Oscar Wilde al inicio de la película, un guiño a lo que hacía Woody Allen al arrancar sus filmes. Pero con trampa: espera que, al terminar la proyección, el espectador lea esa frase de forma distinta. Lo que empieza como un argumento contra el matrimonio acaba sugiriendo que el compromiso puede recuperar su romanticismo si se entiende como reinvención constante.

La directora es tajante al definir de qué va su película. No es una historia sobre sexo, aunque el sexo esté presente. Es una historia sobre parejas que confunden intimidad con simbiosis. «Me fascina la idea de la gente que técnicamente está en una relación pero que en realidad son dos extraños, que han dejado de reconocer su individualidad», explica. La película coloca a sus personajes en un espacio compartido donde, aun así, no pueden verse el uno al otro. Esa imagen lo dice todo.

Las reacciones del público en Sundance dejaron huella en Wilde. «Fueron muchos los que me dijeron que querían volverla a ver, pero llevando a sus parejas.» Ella misma lo dice con cautela pero sin esconderse: cree que esta película puede mejorar ciertas relaciones e incluso reparar algunas que están al borde del abismo.

Hay una frase del personaje de Penélope Cruz, Pina, que la propia Wilde hace suya: «La gente se olvida de que se merece más.» En una industria donde las adaptaciones suelen llegar muertas de antemano, ‘La invitación’ parece haber encontrado algo que la original de Cesc Gay ya tenía y que pocos se atreven a tocar: la incomodidad de mirarse de verdad con la persona que duerme a tu lado.

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