‘El castillo’ llega a Movistar Plus+ con una mirada política sobre la explotación sexual

La serie ‘El castillo’, ya disponible en Movistar Plus+, aborda la realidad de los prostíbulos y la trata de mujeres en España entre finales de los noventa y principios de los 2000. Escrita por Isabel Peña y Eduardo Villanueva, la ficción está inspirada en ‘El Proxeneta’, el libro de Mabel Lozano basado en hechos reales.

Elena Martín Gimeno dirige cuatro de los seis episodios. Los dos restantes fueron rodados por Diego Cabezas AEC, que trabajó en el set junto a Sandra Romero como segunda directora. «La decisión más importante en términos de puesta en escena y fotografía fue probablemente seguir caminando por esa línea fina entre el realismo y la estilización cinematográfica», explica Martín Gimeno.

La fotografía de la serie corre a cargo de Alana Mejía González, que diseñó el enfoque visual y rodó los episodios 1, 2, 5 y 6. Diego Cabezas AEC se encargó de los otros dos capítulos. Mejía González utilizó elementos como la distancia entre la cámara y los personajes para reflejar las relaciones de poder entre las mujeres, los proxenetas y la policía.

La serie adopta una política visual concreta: sus imágenes se niegan a erotizar o fragmentar los cuerpos de las mujeres. «Elena me envió una carpeta de ShotDeck con referencias de clubs de striptease para identificar lo que no quería para la serie. No quería cosificar, sexualizar ni fragmentar los cuerpos de las mujeres, y tampoco queríamos romantizar los clubs», cuenta Mejía González. Al visitar locales reales durante la preparación, el equipo comprobó que muchas representaciones cinematográficas previas no se correspondían con la realidad española de aquella época. «No eran lugares con atractivo sexual, sino espacios bastante sórdidos con un motivo recurrente de luz roja, a menudo no más que una bombilla que alguien había pintado de rojo», señala la directora de fotografía.

Todas las localizaciones del rodaje fueron antiguos clubs reales. Los guionistas querían rodar en espacios auténticos, pero no en locales en funcionamiento ni en establecimientos vinculados a personas que hubieran explotado a mujeres. Edén, la localización principal, requirió un trabajo considerable de dirección artística para su reconstrucción. El equipo buscó jugar con espejos y reflejos, un recurso que conecta con lo que el libro de Lozano describe sobre el control que los proxenetas ejercen sobre las mujeres.

Mejía González define el tono de la serie como «un thriller de época muy castellano, ambientado entre finales de los noventa y principios de los 2000». En sus conversaciones iniciales, el equipo quiso encontrar una perspectiva que permitiera al público entrar en la historia y comprender las estructuras de sometimiento que conectan a proxenetas, mujeres, policías y clientes.

La trama sigue a Gerardo Liesa, un joven inspector de policía recién incorporado a la UCRIF, y a su compañera Carmen Osés, que sospechan que algo está cambiando en los prostíbulos de España. El Suizo y sus socios dirigen varios clubs de carretera donde explotan sexualmente a mujeres llegadas de distintas partes del mundo. Entre ellas está Claudia, de 18 años, que tiene un hijo pequeño en Colombia y acaba de llegar a España.

Mabel Lozano participó en la preparación de la serie aportando su conocimiento directo sobre prostíbulos, supervivientes de trata, asociaciones y psicólogos. Visitó el rodaje, aunque dejó las decisiones creativas y narrativas en manos de los guionistas y directores.

‘El castillo’ se proyectó fuera de competición dentro de la Sección Oficial del 74º Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

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