Brad Pitt pasó por San Sebastián para presentar ‘En el corazón de la bestia’, la película de supervivencia dirigida por David Ayer en la que comparte protagonismo con un pastor alemán llamado Uber. Y con un ingrediente secreto: pollo hervido.

La cinta cuenta con una sencillez extrema el viaje de un soldado veterano y su perro, ambos con estrés postraumático, que se estrellan en avioneta sobre los bosques de Alaska. Lo que queda es sobrevivir. Nada más. Pero detrás de esa premisa desnuda, Pitt encontró algo que le importa. «La idea central es que todo se reduce a pequeñas victorias. Vas a sufrir pérdidas y vas a sentir dolor. Y la solución siempre está en tratar de alcanzar la siguiente pequeña victoria», explicó el actor ante los medios.
Uber, el pastor alemán neozelandés que da vida al compañero de cuatro patas, fue el mayor desafío del rodaje. Y también su mayor recompensa. «Para atraer la atención de Uber, tenía que llevar un trozo de pollo en el bolsillo. Fue lo que nos salvó. A día de hoy, detesto el pollo hervido», confesó Pitt. El equipo convirtió cada jornada en un día de juegos para el animal. A veces funcionaba. Otras, las abejas zumbaban, las zarigüeyas bajaban de la colina y Uber encontraba mil cosas más interesantes que el guion. «Menos mal que existe el montaje», remató.
Pero más allá de la anécdota, la conexión entre actor y animal fue real. «Viví una experiencia muy conmovedora con él. Conectamos enseguida», recordó Pitt. Y de ahí sacó la reflexión que da título a esta pieza: «La lealtad de un animal te demuestra que lo relevante es concentrarse en luchar por el otro más que en uno mismo. Deberíamos dedicar más tiempo a lo que compartimos con los demás antes que a lo que nos separa».
Pitt fue más lejos. «En el fondo, la película no es más que una historia de amor. Si miramos a nuestro alrededor vemos que todos compartimos un 98% de intereses y deseos. Centrémonos en eso y no en el 2% que nos diferencia como parece que ahora mismo nos empeñamos». Un discurso directo, sin adornos, que sonó menos a promoción y más a algo que lleva tiempo dándole vueltas.
El actor, que también ejerce como productor, aprovechó para dar su diagnóstico del estado de la industria. Y fue más matizado de lo esperado. Reconoce lo bueno del streaming: más oportunidades para actores, guionistas, directores y equipos técnicos, y una mayor variedad de historias. Pero señala un problema concreto. «Tanto las grandes producciones como las películas independientes de muy bajo coste han logrado salir adelante, pero la franja intermedia —películas de entre 30 y 80 millones— ha tenido muchas dificultades». Es justo ahí donde Pitt quiere estar. Confía en que la reducción de costes en posproducción abra una nueva etapa para ese tipo de cine.
Su último apunte fue una declaración de intenciones: «Ahora mismo siento que el cine independiente es más fuerte que en los 90». Lo dijo, eso sí, con bastante menos entusiasmo que cuando hablaba de Uber.
‘En el corazón de la bestia’ llega con la firma de David Ayer, un director que conoce el terreno de la supervivencia y la masculinidad en crisis. Lo que propone esta vez es más callado, más íntimo: un hombre, un perro y un bosque que no perdona. Si la película transmite la mitad de lo que Pitt contó en San Sebastián, habrá merecido la pena. El pollo hervido incluido.



