La película dirigida por Gerardo Herrero y coescrita por el novelista Lorenzo Silva se presentó el domingo en el Festival de Sevilla. ‘Carta blanca’ aborda las guerras coloniales españolas en el norte de África, un episodio apenas tratado por el cine español.

La trama sigue a un sargento interpretado por Víctor Clavijo que, tras la muerte de su hermano, se aprovecha de la libertad que tenían los militares españoles para actuar sin control. Junto a su pelotón, se adentra en territorio enemigo con la intención de vengarse. Cada uno de los hombres arrastra sus propias heridas y ambiciones.
Silva aporta datos reveladores: «Si la administración del norte de África por parte de España duró 44 años, durante 20 de ellos hubo un conflicto armado». Para el escritor, aquella guerra «es el gran acontecimiento que determinó la España moderna» y la escuela donde se curtieron los militares que luego protagonizaron la Guerra Civil, «en muchos casos desde bandos enfrentados».
Herrero señaló que, aunque no sea algo muy presente en el día a día, ese conflicto late en la historia familiar de muchos españoles. «Mi madre tenía dos primos hermanos a los que adoraba que murieron en la guerra de África. A poco que se rasque cualquier árbol genealógico surge una historia personal, íntima e inexplicablemente olvidada», relató el director. La referencia histórica principal es el Desastre de Annual de 1921, en el que perdieron la vida entre 8.000 y más de 10.000 soldados españoles según las distintas estimaciones.
El director comparó el vacío cinematográfico español con la abundancia del cine francés sobre la Legión Extranjera. En España apenas existen películas de propaganda como ‘¡A mí la legión!’ (Juan de Orduña, 1942) y ‘¡Harka!’ (Carlos Arévalo, 1941). «Todo lo que rodea a la guerra de Marruecos es tremendo», afirmó Herrero. «Toda esa sangría, al fin y a la postre, no fue más que una jugada para defender las minas de hierro, propiedad del rey Alfonso XIII. Fue nuestro Vietnam en sentido riguroso y fue producto de la avaricia de un monarca sin escrúpulos».
La película tiene el tono seco de un western polvoriento. Los máuser fallan en el peor momento, las heridas se infectan hasta la gangrena y la sed resquebraja los labios. Entre los personajes destaca un comandante despiadado que apenas alcanza el metro sesenta y dos, al que interpreta Manuel Pico. «Nos costó dar con un actor que midiera lo mismo o casi», apuntó Herrero sobre el personaje, que es directamente Franco. «Sin Marruecos no se entendería Franco y sin Franco, ¿cómo entender la España reciente?», concluyó el director.



