‘Club Kid’ conquista San Sebastián: Jordan Firstman firma la película del año

La ópera prima de Jordan Firstman ha aterrizado en el Festival de San Sebastián después de causar sensación en Una cierta mirada en Cannes. Y lo que trae consigo es una de esas películas que aparecen muy de vez en cuando.

‘Club Kid’ cuenta la historia de Peter, un treintañero gay que malvive como promotor de fiestas en Nueva York, perdido entre noches, discotecas y excesos. Hasta que descubre que tiene un hijo de 10 años, Arlo, y que tiene que hacerse cargo de él. El punto de partida recuerda a ‘Un papá genial’ o ‘Un niño grande’. Lo que hace Firstman con él no se parece a nada.

Porque lo que empieza como comedia desemboca en algo mucho más grande. La relación entre padre e hijo se desgrana con una narrativa que a veces se asemeja a una comedia romántica entre dos seres perdidos que encuentran, el uno en el otro, una razón para estar vivos. Y según avanza el drama, la película se convierte casi sin quererlo en el mejor alegato sobre la paternidad del cine reciente.

Firstman no solo dirige. También protagoniza. Y construye un personaje al que resulta imposible no querer precisamente en sus peores defectos. El desenfreno nocturno y drogota está soberbiamente rodado. Los esfuerzos por madurar, contados sin trampa. A su lado, el pequeño Reggie Absolom da vida a Arlo con una chispa que enciende cada escena que comparten. La química entre ambos es el corazón de todo.

Hay una escena que lo resume. Un zoom se aleja lentamente de la ventana de un apartamento neoyorquino. Dentro, un padre y un hijo al piano, cantando, mientras alguien los observa desde la mesa del comedor. El plano se abre. Otras ventanas, otras luces, otras vidas. Manhattan entero iluminado. Un recordatorio de que esta historia, la que nos está robando el corazón, es solo una entre millones. Y precisamente por eso importa tanto.

La película encuentra un espejo inesperado en ‘Baby, tú vales mucho’, aquella cinta ochentera en la que Diane Keaton accedía a la maternidad por imposición y sorpresa. No solo porque ambas compartan una mirada esperanzadora hacia la familia en cualquiera de sus formatos, sino porque las dos son versos libres dentro de las corrientes de pensamiento a las que pertenecen. Si Nancy Meyers proponía entonces un nuevo modelo de conciliación feminista, Firstman refuta ahora esa idea de que la modernidad última es el hedonismo y la vida sin ataduras.

Y ahí está la tesis que late en ‘Club Kid’, expresada con la sencillez de quien no tiene miedo a decirlo en voz alta: nada da más sentido a la vida que amar y ser amado. La paternidad como propósito vital. La mirada que te devuelven los hijos como una cura de autoestima. Todo eso está en la película y nunca había estado tan bien contado.

Fernando Trueba dijo hace poco de ‘Casablanca’ que es una película que acaba bien y acaba mal, como la vida. Esa definición le viene a ‘Club Kid’ como un guante. Es una cinta de culto instantáneo, profundamente autoral, con personalidad muy marcada, tempo propio y libertad narrativa. Pero con una historia de amor paterno-filial en el centro que es absolutamente universal.

Firstman ha llegado a San Sebastián con algo que no se fabrica ni se fuerza. Un milagro cinematográfico de los que ocurren a veces. De los que deberían ir directos a los Oscar.

Cine y series, en tu WhatsAppEstrenos y noticias en el canal de Butaca Online. Gratis y nadie ve tu número.
Unirme al canal