‘Eixam (Enjambre)’: el thriller rural valenciano que confía en el silencio y acierta

Óscar Bernàcer debuta en la ficción con una distopía rural rodada en valenciano que apuesta por el suspense psicológico, el pulso narrativo y un Pablo Molinero que sostiene la película con convicción.

Hay algo valiente en lo que plantea ‘Eixam (Enjambre)’. En un panorama donde el cine de género español suele apoyarse en sobresaltos, giros de guion y explicaciones que lo mastican todo, Bernàcer elige el camino contrario. Se planta en una comunidad aislada llamada Malpàs y deja que la incomodidad crezca sola, sin trucos.

La premisa funciona como un anzuelo limpio. Lluc lo ha perdido todo. Alba le ofrece una segunda vida en una aldea autosuficiente donde un grupo de desheredados convive en aparente armonía. Lluc acepta, aprende las normas, encuentra a Silvia. Y entonces el espejismo empieza a resquebrajarse. La perversión del sistema que ha creado Alba y los secretos que sostienen ese supuesto paraíso van emergiendo con la cadencia justa. Ni demasiado pronto ni demasiado tarde.

Es inevitable pensar en ‘El bosque’ de Shyamalan o en cierto folk horror de raíz europea. Pero Bernàcer hace algo inteligente: despoja la historia de los recursos más trillados del género. Nada de explicaciones sobrenaturales ni giros forzados desde fuera. Todo lo que estalla viene de dentro. De los motivos personales, los intereses cruzados y los conflictos entre los propios habitantes de Malpàs. Esa coherencia interna es lo que separa a ‘Eixam’ de muchas películas que arrancan bien y se desinflan en el tercer acto.

Pablo Molinero carga con el peso de la función y lo hace con una contención que encaja perfectamente en el tono de la película. Su Lluc observa más de lo que habla, y eso le da al espectador un punto de vista honesto desde el que descubrir lo que se esconde bajo la superficie. A su lado, Pablo Derqui, Cristina Fernández Pintado, María Maroto y Abdelatif Hwidar completan un reparto que funciona como engranaje colectivo. Nadie sobra.

Y hay que celebrar una cosa: la película está rodada en valenciano. No como gesto simbólico ni como concesión. Es la lengua natural de ese territorio y de esa historia, y el film respira mejor por ello. Esa decisión le da a Malpàs una textura propia, una identidad que no se habría conseguido de otro modo.

El guion de Joana M. Ortueta y Jorge Juan Martínez acierta en lo esencial: confiar en los personajes por encima de la trama. Los motivos de cada uno son el verdadero motor del relato, y la implosión final llega con una lógica dramática que no necesita pirotecnia para resultar inquietante. De hecho, ese cierre es probablemente lo mejor de la película. Inquieta sin levantar la voz.

¿Dónde flaquea? En el tratamiento del personaje neurodivergente, al que se le reserva un rol que chirría con la sensibilidad del resto del guion. Es un tropiezo que no arruina el conjunto, pero que se nota.

Con cien minutos de duración y una propuesta que no se desvía de su camino, ‘Eixam (Enjambre)’ es un debut que confirma a Bernàcer como un director con las ideas claras. No busca gustar a todo el mundo. Busca contar una historia con las herramientas justas. Y eso, en el thriller español actual, ya es bastante. Llega a los cines el 4 de octubre de 2026.

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