‘Family Movie’: Kevin Bacon y el amor al cine de terror hecho en casa

Kevin Bacon firma una película pequeña, libre y honesta sobre una familia que decide rodar su propia cinta de terror con cuatro duros. El resultado es un ejercicio meta que no necesita darte lecciones para decir algo importante.

Hay algo liberador en ‘Family Movie’. En un momento en el que buena parte del cine de género se ha convertido en un seminario sobre sí mismo, aquí aparece una película que elige otro camino. Nada de subtextos subrayados ni tesis filosóficas sobre el slasher. Solo una familia real, la del propio Kevin Bacon, empeñada en sacar adelante un rodaje casero de terror con la única pretensión de cumplir un sueño artístico. Por modesto que sea.

La clave está en las capas. ‘Family Movie’ las tiene, pero no te obliga a pelarlas. Puedes quedarte en la superficie y pasarlo bien con las vicisitudes de un rodaje doméstico lleno de discusiones, secretos y caos familiar. O puedes rascar y encontrar una reflexión genuina sobre el derecho a crear sin pedir permiso ni justificarse ante nadie. Las dos opciones son igual de válidas. Y eso, hoy, es casi una declaración de principios.

La película funciona como una especie de Ed Wood contemporáneo. No importan los medios. Importa el impulso. La necesidad de contar algo, de poner en pie una historia aunque los recursos sean ridículos y el resultado salga torcido. Bacon construye todo desde el amor: a su familia, al terror de bajo presupuesto, a la idea de que el acto de crear ya tiene valor por sí mismo.

Lo meta aquí llega hasta sus últimas consecuencias. La familia del film es una familia real. La película de bajo presupuesto que ruedan dentro de la historia está inscrita en una película efectivamente de bajo presupuesto. Los conflictos domésticos —las peleas, los egos, los secretos— se sienten cercanos, reconocibles. Salvo por el pequeño detalle de los asesinatos, claro.

Y hay un contraste que no conviene pasar por alto. Frente a títulos como ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’, que intentan reflexionar desde posiciones más intelectuales sobre el papel del subgénero, ‘Family Movie’ opta por no mirar por encima del hombro a su público. No lo alecciona. Lo invita a sentarse como parte de la familia. Esa es su gran virtud: recuperar el sentimiento de comunidad que hizo grande al cine de terror. La idea de que ver una película juntos, o hacerla juntos, es un acto que va más allá del producto final.

¿Es ñoña? Puede parecerlo. Pero hay algo más debajo de esa apariencia amable. Una reivindicación de la transgresión por el mero placer de serlo, del entretenimiento salvaje sin necesidad de coartada intelectual. Algo que Wes Craven ya planteó en ‘Scream’ en 1996 y que, tres décadas después, sigue sin ser superado como tesis.

‘Family Movie’ no va a cambiar la historia del género. No pretende hacerlo. Lo que consigue es algo más raro y más difícil: recordar por qué alguien coge una cámara, reúne a los suyos y se pone a rodar sin red. Eso, en un panorama lleno de cintas que necesitan justificar cada fotograma con un discurso, tiene un valor que no se mide en presupuestos.

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